Fuente:
Networkideas.org
Jayati Ghosh
Mar 28 Oct 2008
Todo el mundo reconoce ahora la necesidad de reformar el régimen económico internacional. Pero la idea no debe ser simplemente arreglar un sistema que evidentemente está roto: tenemos que cambiarlo por un modelo mejor. Esto se debe a que la actual arquitectura financiera ha fracasado en algunos puntos muy importantes. Más importante aún, el sistema financiero internacional no ha cumplido con dos requisitos obvios: la prevención de la inestabilidad y las crisis, y la transferencia de recursos de las economías ricas a las más pobres.
No sólo hemos experimentado una mayor volatilidad y la propensión a crisis financieras en mercados emergentes y ahora incluso en los países industriales, sino que los períodos de expansión económica se han basado en la subvención de los pobres del mundo a los ricos.
Estos fracasos globales son tan grandes que constituyen motivos suficientes para abandonar este sistema. Pero hay otros fracasos asociados en términos de lo que el régimen ha implicado al interior de las economías nacionales: ha alentado la pro-ciclicalidad, ha hecho que los sistemas financieros nacionales sean imposibles de regular, ha alentado las burbujas y el fervor especulativo en lugar de la inversión productiva para el crecimiento futuro, ha permitido la proliferación de transacciones paralelas a través de paraísos fiscales y la pérdida del control nacional, ha reducido el crucial desarrollo del crédito directo.
Por tanto, claramente necesitamos un nuevo sistema, aún si los objetivos siguen siendo los mismos que en la conferencia original de Bretton Woods: para asegurar la estabilización monetaria a través de la cooperación internacional; para alentar la expansión del comercio internacional en forma estable; y para promover el desarrollo facilitando la inversión productiva.
Para lograr esto en el contexto actual, cuatro elementos son cruciales. En primer lugar, la creencia de que la autoregulación apoyada en el asesoramiento de las agencias calificadoras de riesgo es un modo adecuado para dirigir un sistema financiero ha volado por los aires. Por tanto, no hay alternativa a la regulación estatal sistemática de las finanzas.
En segundo lugar, dado que los actores privados intentarán inevitablemente eludir la regulación, el núcleo del sistema financiero – la banca - debe ser protegido, y esto sólo es posible a través de la apropiación social. Por tanto, cierto grado de socialización de la banca (y no sólo socialización de los riesgos inherentes a la financiación) es también inevitable. En los países en desarrollo esto también es importante porque permite el control público de la dirección del crédito, sin la cual ningún país se ha industrializado.
En tercer lugar, para hacer frente a los efectos adversos de la economía real en la crisis actual, el estímulo fiscal es esencial, tanto en países desarrollados como en desarrollo. El aumento de gasto público es necesario para impedir la caída de la actividad económica y del empleo, para manejar los efectos del cambio climático y promover tecnologías más ecológicas, y para avanzar en el proyecto de desarrollo del Sur.
En cuarto lugar, necesitamos un marco económico internacional que apoye esto, lo que supone que los flujos de capital deben ser controlados y regulados para que no desestabilicen cualquiera de estas estrategias.
Se puede argumentar que tal sistema internacional basado en la regulación estatal reducirá la posibilidad de que los países en desarrollo tengan acceso al capital necesario para su propia expansión económica. Sin embargo, esta percepción es errónea, porque de hecho, el liberalizado sistema actual no provee una transferencia neta de recursos al mundo en desarrollo. En los últimos seis años, ha habido un flujo neto de recursos financieros de cada región en desarrollo hacia el Norte, principalmente a EE.UU., a pesar de que la desigualdad de los ingresos mundiales ha aumentado. Y dentro de los países, la idea de que la desregulación de las finanzas podría poner más recursos en manos de los pobres ha demostrado ser insostenible.
Por tanto, una mayor intervención del Estado en la actividad económica ahora necesaria y deseable. El tiempo para argumentar sobre si conviene o no dicha intervención ha terminado. En lugar de ello, debemos pensar cómo hacer que esa participación sea más democrática y responsable, dentro de nuestros países e internacionalmente.
Información relacionda:
* DeclaraciÓn sobre la propuesta de una "Cumbre Global" para reformar el sistema financiero internacional
www.choike.org/bw2
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