20 días para el G-20
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Fuente: Agenda Global - La Diaria
Roberto Bissio
Vie 13 Mar 2009

"No tiene sentido darle más dinero al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que preste a los países pobres afectados por la crisis global si estos préstamos van a resultar en ajustes fiscales", dijo el miércoles 4 de marzo en Ginebra el ministro británico Mark Malloch Brown, uno de los principales organizadores de la cumbre del G-20 (que agrupa en realidad a veintidós países considerados "sistémicamente importantes"), que se realizará el 2 de abril en Londres.

Varios billones de dólares (trillions en inglés, o sea millones de millones) están siendo gastados por los gobiernos de los países más ricos para estimular sus economías, buscando compensar con gasto estatal la retracción de las empresas privadas, aliviar el desempleo y contribuir a la recuperación de la actividad. Ahora que la crisis llega a los países pobres y de ingresos medios, éstos deberían hacer lo mismo, y así aminorar el empobrecimiento de su gente e incluso contribuir a la recuperación global.

Como estos gobiernos no tienen recursos propios para aumentar sus gastos, el dinero les debe llegar del exterior. Hasta aquí hay coincidencia de todas las opiniones. Pero las discrepancias comienzan a la hora de decidir quién será el gran "estimulador" y qué reclamará a cambio.

La opinión de los europeos, expresada en la cumbre de Berlín del 22 de febrero pasado es que fondos adicionales deben ser canalizados a través del FMI, cuya capacidad de préstamos debería ser aumentada a por lo menos 500.000 millones de dólares. En la actualidad es de 125.000 millones. La comisión de expertos de las Naciones Unidas presidida por el premio Nobel de Economía y ex economista jefe del Banco Mundial Joseph Stiglitz opina en cambio que estos montos deben ser manejados por un nuevo mecanismo global de crédito.

A tres semanas del inicio de la cumbre de Londres, el gobierno del presidente Barack Obama todavía no se ha pronunciado al respecto y su opinión, junto con la de China, será decisiva.

Muchos de los países en desarrollo miembros del G-20 sufrieron en carne propia en el pasado reciente las condicionalidades del FMI y la imposición de políticas económicas que agravaron el impacto social de sus crisis. Al hablar desde la sede de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, Malloch Brown intentó convencerlos que es posible "imponer una condicionalidad al FMI" para que los desembolsos se hagan con condicionalidades mínimas y así poder desembolsar el dinero rápidamente. En una charla realizada en la Universidad de las Naciones Unidas en Nueva York pocas horas antes, Stiglitz había sostenido el punto de vista exactamente opuesto. A su juicio, la reforma que el FMI requiere para dar más votos a los países en desarrollo -y así hacer posible que China coloque su dinero en él- llevará muchos años de trabajosas negociaciones y sería más fácil en cambio crear una nueva herramienta ad hoc y experimentar en ella las fórmulas de votación que luego podrían servir de modelo al FMI y el Banco Mundial.

En lo que ambos están de acuerdo es en la necesidad de proteger, e incluso aumentar, el gasto en educación y salud como parte de cualquier plan de estímulo global a la economía.

Malloch Brown fue administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y mano derecha del ex secretario general del foro mundial Kofi Annan. Su presencia en Ginebra estuvo claramente orientada a limar las asperezas entre los procesos políticos paralelos de preparación de la cumbre del G-20 en Londres, por un lado, y la cumbre de emergencia sobre la crisis mundial que la Asamblea General de las Naciones Unidas va a realizar en Nueva York en la primera semana de junio. El propio presidente de la Asamblea General, el sacerdote nicaragüense Miguel D'Escoto, la ha rebautizado humorísticamente como “G-192”, ya que éste es el total de países miembros.

Malloch Brown recordó que los miembros del G-20 suman el ochenta y cinco por ciento de la economía del planeta y más de tres cuartas partes de su población, pero dijo estar “ansioso” por la particiación de "los otros 172" y reveló que como un gesto en tal sentido se han extendido invitaciones a la Cumbre de Londres al primer ministro de Etiopía, Meles Zenawi, al presidente de la Unión Africana, Jean Ping, y al secretario general de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Surin Pisuwan.

Este acercamiento es imprescindible porque el G-20 es un grupo informal de dirigentes y para ser efectivos los acuerdos políticos que los líderes logren en Londres deben ser formalmente votados después por la Asamblea General de las Naciones Unidas, las juntas y asambleas de gobernadores del Banco Mundial y el FMI, el plenario ministerial de la Organización Mundial de Comercio o los presidentes de bancos centrales reunidos en el Banco de Pagos Internacionales con sede en Basilea.

Esta arquitectura institucional es tan compleja que la cancillera alemana Agela Merkel ha propuesto la formación de un “consejo de seguridad económico” en las Naciones Unidas para lograr la coordinación de políticas y una supervisión efectiva de los mercados financieros que evite crisis similares en el futuro. Sin embargo, Estados Unidos y China no estarían de acuerdo ni siquiera con la generación de reglas para las finanzas que limiten sus márgenes de maniobra. El mayor deudor del mundo (Estados Unidos) y el mayor acreedor (China) podrían acordar entre ellos temas tan importantes como si el dólar podrá seguir siendo la moneda de reserva global o no. Si este acuerdo se logra, un nuevo grupo de poder global habrá emergido de Londres en veinte días: el G-2.

Información relacionada:

El G-20. Está integrado por Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italy, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, junto a los directores del Banco Mundial y el Fondo Monetario internacional. Como anfitrión y presidente de la Cumbre de Londres, el primer ministro británico, Gordon Brown, resolvió invitar, además, a España y Holanda.

Roberto Bissio es Coordinador de la Red Social Watch.

© Este artículo fue publicado el 5 de Marzo de 2008 en el suplemento semanal Agenda Global, publicado por La Diaria de Montevideo, Uruguay.
www.ladiaria.com.uy

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