Un G20 ciego al desarrollo tiene un desenlace que potencia a un FMI sin reformar
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Fuente: Red del Tercer Mundo – Third World Network
Bhumika Muchhala
Jue 16 Abr 2009

El comunicado del G20 del 2 de Abril se comprometió a mejorar la economía global mediante la adopción de medidas en las principales áreas de restauración del crecimiento, empleo, confianza y crédito, fortalecimiento de la regulación financiera, financiación y reforma de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs), rechazar el proteccionismo y obtener la recuperación a través de una economía verde. La decisión del G20 de canalizar los fondos principalmente a través del FMI, en lugar de una mayor diversidad en su asignación, es un estrecho mecanismo mediante el cual los países en desarrollo pueden caer en el mismo tipo de políticas de contracción y pro-cíclicas que contribuyeron a crear la crisis.

El comunicado del G20 del 2 de Abril se comprometió a mejorar la economía global mediante la adopción de medidas en las principales áreas de restauración del crecimiento, empleo, confianza y crédito, fortalecimiento de la regulación financiera, financiación y reforma de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs), rechazar el proteccionismo y obtener la recuperación a través de una economía verde.

Sin embargo, para la cumbre del G20 el único aparente compromiso financiero fue anunciar la inyección –a través de diversas formas- de $ 1,1 billones de dólares al Fondo Monetario Internacional y al Grupo del Banco Mundial (que incluye a los bancos regionales de desarrollo). Debido a la evidente ausencia de un consenso político sobre un plan coordinado de estímulo fiscal o regulación de los flujos financieros transfronterizos entre los principales miembros del G20, el único acuerdo sobre una acción inmediata fue el aumento de los recursos de las instituciones financieras internacionales, cuyas decisiones son las que han sido controladas por EE.UU. y los países europeos desde su creación.

No obstante, este significativo impulso de financiación, en particular para el FMI que será dotado de un extra de $ 750 mil millones de dólares, no puede compararse con el beneficio de un estímulo fiscal coordinado. Como han señalado expertos económicos, los fondos del FMI solamente ayudan a las economías de los países si éstos reciben préstamos del Fondo, mientras que los estímulos fiscales estimulan la demanda mundial en general.

La decisión del G20 de canalizar los fondos principalmente a través del FMI, en lugar de una mayor diversidad en su asignación, es un estrecho mecanismo mediante el cual los países en desarrollo pueden caer en el mismo tipo de políticas de contracción y pro-cíclicas que contribuyeron a crear la crisis.

El capital de remodelación, tanto del FMI como del Banco Mundial, llega sin ningún tipo de requisitos iniciales de reforma de las instituciones. En cambio, las únicas reformas importantes esbozadas son para poner fin al monopolio de Europa y Estados Unidos en la dirección del Banco y del Fondo y las reformas de la gobernanza para aumentar las cuotas y la representación. Esto sin embargo no será revisado ni aplicado hasta 2011 por el FMI y 2010 por el Banco Mundial.

Mientras que el Fondo y el Banco salen sin requisitos de reforma más profundos, estas instituciones casi siempre requieren las reformas de las políticas de sus países miembros para la obtención de préstamos. Queda por saber por qué el FMI y el Banco Mundial pueden exigir rendición de cuentas a sus prestatarios, pero en cambio no se les puede exigir lo mismo a ellos cuando son los destinatarios de fondos.

El programa relativamente fácil presentado por el G20 al FMI y al Banco Mundial, refleja la poca exigencia de rendición de cuentas que sus mayores accionistas tienen con esas instituciones. Esto contribuye a mantener el ya bajo nivel de transparencia por lo que tanto el FMI como el Banco Mundial han sido criticados por expertos académicos y la sociedad civil mundial.

Con tan importante autonomía financiera de las IFIs, existe una oportunidad clave para introducir cambios fundamentales, no sólo sobre la gobernanza sino también en la política y el proceso. Por ejemplo, las restricciones pro-cíclicas fiscales y monetarias que aun siguen siendo requeridas por parte de los países en la obtención de préstamos del FMI, podrían ser cambiadas por contra-cíclicas y por políticas pro-crecimiento, mientras que la transparencia en la información sobre préstamos y la participación de los parlamentarios y la sociedad civil en los países podría ser mayor.

En cambio, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en representación de 192 Estados miembros de la ONU, ha iniciado un proceso más incluyente. La Comisión de Expertos liderada por el Profesor Stiglitz, presentó sus recomendaciones a la Asamblea General a fines de marzo. Las recomendaciones incluyen la regulación de los mercados financieros, la reforma del FMI, la creación de una nueva facilidad de crédito, una asignación especial de Derechos Especiales de Giro (DEG) para establecer un nuevo sistema mundial de reservas con la canalización del 1% de paquetes de estímulo de los países desarrollados como asistencia oficial a los países en desarrollo y la creación de un consejo de coordinación económico global en las Naciones Unidas.

Una diferencia central entre el G20 y los enfoques de la Comisión es que las recomendaciones de la Comisión dan prioridad a los intereses de los países en desarrollo en sus análisis y en sus recomendaciones para hacer frente a la crisis. Mientras que los 20 países del G20 representan el 85% de la producción mundial y el 80% del comercio mundial, el grupo no representa las opiniones de más de un centenar de países en desarrollo. Esto, sin duda, crea una diferencia en la agenda, en la perspectiva y en las ideas. El G20 no puede ser presentado como un órgano mundial de la misma manera que sí puede las Naciones Unidas, con 192 voces nacionales.

Negocios como siempre en la crisis de préstamos del FMI

El comunicado del G20 elogia "los progresos realizados por el FMI con su nueva línea de crédito flexible y su reforma de los préstamos y las condiciones marco". Sin embargo, es altamente cuestionable que los préstamos y las condicionalidades del FMI hayan sido reformadas. Sólo unos pocos países en desarrollo (que son considerados en disposición de una buena financiación) son elegibles para la nueva línea de crédito flexible, lo que es tener poca o ninguna condicionalidad.

La mayoría de los países seguirán siendo sometidos a condiciones de préstamo. Para ellos, el uso de la condicionalidad en las cuestiones estructurales puede haber sido simplificado, pero el cumplimiento de las condiciones macroeconómicas en materia de reforma fiscal, monetaria y de tipo de cambio permanecen, y las pruebas recientes muestran que las condiciones siguen siendo aun pro-cíclicas y anti-keynesianas, como lo fueron en los préstamos del FMI en la crisis financiera asiática hace 11 años.

Un análisis realizado por la Red del Tercer Mundo a partir de septiembre de 2008 de nueve préstamos del FMI a las economías de mercado emergentes y países en desarrollo afectados por la crisis, revela que la restricción monetaria y fiscal sigue siendo prescripta. Las condiciones del préstamo suelen reducir o limitar el gasto público y reducir o limitar el déficit presupuestario. La reducción del déficit fiscal es un objetivo a ser alcanzado mediante la reducción del gasto público, involucrando reducciones de los salarios del sector público, límites a los pagos de pensiones, aplazamiento de los beneficios sociales y aumentos del salario mínimo, la eliminación de los subsidios a la energía y en el caso de Pakistán, mediante el aumento del 18% de las tarifas eléctricas y la reducción de las exenciones fiscales.

Del mismo modo, las condiciones de política monetaria se centran en la reducción de la inflación a través de regímenes rigurosos y del endurecimiento de la política monetaria mediante el incremento de las tasas de interés. En el caso de Islandia y Letonia, la tasa de interés oficial se incrementó en 600 puntos básicos, o 6 puntos porcentuales. A la mayoría de los otros países también se le pidió aumentar sus tasas de interés.

Las condiciones pro-cíclicas en estos últimos préstamos del FMI contradicen la directiva dada en el comunicado del G20 de aumentar los recursos a las instituciones financieras internacionales para "apoyar el crecimiento en mercados emergentes y los países en desarrollo, ayudando a financiar el gasto contra cíclico". También se enfrentan a las políticas contra-cíclicas que los países del G20 se han prescripto a sí mismos; el comunicado del G20, por ejemplo, informa que dentro de los países del G20 "las tasas de interés se han reducido agresivamente... y nuestros bancos centrales se han comprometido a mantener políticas expansionistas".

El aparente doble estándar de políticas fiscales y monetarias contra-cíclicas expansivas para los países desarrollados y los países del G20, y las políticas pro-cíclicas contractivas para los países en desarrollo, Europa Central y Oriental que reciben préstamos del FMI, no se aborda ni se explica por el comunicado del G20 o los altos funcionarios del FMI. Tal vez los propios líderes del G20 no sean conscientes de las condiciones de los últimos préstamos del FMI y creyeron la falsa garantía de los directivos del FMI de que las condiciones han cambiado.

En el diálogo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebró a fines de marzo en Nueva York, muchos delegados de países en desarrollo, incluido el Presidente del Grupo de los 77 y China, hablaron en contra de las condiciones pro-cíclicas de los préstamos del FMI y pidieron un cambio fundamental de su política antes de ser capitalizado con el aumento de recursos de los países del G20. Estas demandas de los países en desarrollo no fueron escuchadas en la reunión del G20.

El rol del FMI en el agravamiento de la recesión económica experimentada por los países asiáticos durante la crisis financiera de Asia, África y otras regiones en desarrollo, se ha difundido ampliamente. Debido a esto, los países en desarrollo se han mostrado reacios a acudir al FMI por asistencia financiera. Muchos países asiáticos acumularon reservas de divisas como una forma de auto-seguro y protección, de modo que no tienen que someterse a otra experiencia con el FMI. El propio FMI estaba sufriendo una crisis de falta de negocios, con reducción de su personal, hasta que ahora la crisis y la reunión del G20 le dieron un nuevo impulso.

En lugar de exigir una auténtica reforma del FMI, el G20 ha elegido legitimar y empoderar a una institución que es ampliamente responsable de empeorar las perspectivas de crecimiento económico de largo plazo y el gasto público de los países en desarrollo para sus necesidades de desarrollo. Esta potenciación del FMI no es un buen augurio para satisfacer las necesidades de estos países en la actual crisis financiera, y socava también las posibilidades de apoyo internacional que podría ser otorgado de otra manera a instituciones nuevas o alternativas y a acuerdos regionales que pueden hacer un mejor trabajo en proveer recursos financieros a los países en desarrollo.

Por ejemplo, la Comisión de Expertos de la Asamblea General de Naciones Unidas propone una gama de opciones institucionales, incluida la creación de una nueva línea de crédito y también su apoyo a los esfuerzos regionales para aumentar la liquidez de los países en desarrollo, por ejemplo a través de la Iniciativa de Chiang Mai en el Este de Asia y el Banco del Sur en América Latina.

Estas alternativas crearían una muy necesaria competencia al monopolio actual que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial tienen en la crisis de crédito, así como proporcionar más espacio político a los países prestatarios, en particular por no tener las condicionalidades pro-cíclicas en materia de política monetaria y fiscal del FMI.

¿Un nuevo sistema de reservas o una asignación de DEG, principalmente para los países ricos?

La primera propuesta de la Comisión de las Naciones Unidas en su agenda de reformas sistémicas para la economía mundial es la creación de un nuevo sistema mundial de reservas. Tal sistema de reservas está previsto como un "DEG ampliado"(1) (Derechos Especiales de Giro), que podría contribuir a "la estabilidad, la fortaleza económica y la equidad global”. Esto respondería a la actual paradoja, donde en un sistema basado predominantemente en dólares de EE.UU., los países pobres prestan a los países ricos en reservas a bajas tasas de interés y enfrentan el peligro de un sistema de reserva de un solo país donde la acumulación de deuda socava la confianza y la estabilidad. En cambio, la Comisión sugiere que un nuevo Sistema Global de Reservas podría ser no-inflacionario, factible de implementar y podría reducir los ajustes asimétricos entre déficit y superávit de los países.

En cambio, el comunicado del G20 no va tan lejos como para proponer un nuevo sistema de reservas y en su lugar afirma que una asignación general de DEG de U$S 250 mil millones para el aumento de la liquidez mundial se basará en las cuotas de los países miembros del FMI. Dado que los países desarrollados poseen la mayor parte de las cuotas, la mayor parte de los Derechos Especiales de Giro o el 60% de ellos, se destinará a los países más ricos, quienes menos necesitan de DEGs. Si el G20 se preocupara verdaderamente por otorgar liquidez mundial a los países en desarrollo, pediría de forma especial nuevos DEGs, que sean emitidos no de acuerdo con las cuotas existentes de los miembros del FMI sino en función de las necesidades de los países. Este nuevo problema de los DEGs se propuso inicialmente en el FMI en 1997, pero esta propuesta fue rechazada por Estados Unidos.

Los países en desarrollo necesitan más espacio político

Las recomendaciones de la Comisión de Naciones Unidas afirman que muchos países en desarrollo afectados por la crisis financiera son “animados o inducidos a implementar políticas pro-cíclicas”. Si bien esto es debido en parte a la falta de recursos domésticos en los países en desarrollo, la Comisión afirma que esto es también “debido a recomendaciones de política mal orientadas por parte de las instituciones financieras internacionales” que a menudo exigen que los países en desarrollo adopten muchas políticas que contribuyeron con la actual crisis. Asimismo, se afirma que las iniciativas del FMI para reducir las condicionalidades son insuficientes.

La Comisión también afirma que el espacio político para los países en desarrollo se condiciona por muchos acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales que limitan la capacidad para aplicar regulaciones a sus cuentas de capital y sistema financiero. Estos diferentes marcos políticos son necesarios para proteger a los países en desarrollo de estar expuestos al contagio de la crisis.

La Comisión realizó las correspondientes propuestas para reformar las políticas del FMI y las disposiciones pertinentes a los acuerdos comerciales.

En cambio, el comunicado del G20 hace silencio sobre la necesidad de reformar las políticas del FMI o los acuerdos comerciales, por lo que niega los factores que limitan a los países en desarrollo en su espacio político y la necesidad de reformas.

Debe haber una mejor manera de avanzar

En síntesis, el comunicado del G20 es muy decepcionante en cuanto no aborda las causas sistémicas de la crisis, ni asiste realmente a los países en desarrollo que sufren los efectos de una crisis que no provocaron.

Por el contrario, facultando al FMI y a otras instituciones financieras internacionales mientras les permite continuar con sus políticas pro-cíclicas, la Cumbre del G20 podría empeorar la situación de los países en desarrollo afectados por la crisis pues el G20 no ha creado fuentes alternativas para que ellos obtengan financiamiento para enfrentarla, por lo que pueden verse obligados a volver al FMI por préstamos vinculados a políticas que empeoren su situación económica.

Esto es tal vez de esperar, ya que el G20 está dominado por los principales países desarrollados.

La Asamblea General de la ONU está en el proceso de preparación de una cumbre extraordinaria sobre la crisis económica mundial y sus efectos en el desarrollo. Este proceso será más incluyente, ya que implica a todos los países de la ONU. Es de esperar que también dé lugar a una respuesta más adecuada que atienda realmente los intereses de los países en desarrollo y que sea pro-desarrollo.

Traducida del inglés por Choike.org

Nota de la traducción:

(1) El DEG es un activo de reserva internacional creado en 1969 por el FMI para complementar los activos de reserva existentes de los países miembros. SDRs en sus siglas en inglés.

Información relacionada:

-> El G20 y los PRAE, por Oscar Ugarteche

-> El G20 debe pensar dos veces antes de incrementar los recursos del FMI sin reformas, por Mark Weisbrot, CEPR

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