Quedando atrás: El BID y energía renovable
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Fuente: Bank Information Center
Lun 13 Abr 2009

Durante los últimos años el BID se ha creado una imagen de banco "verde". Sin embargo, una inspección al azar de los préstamos al sector energético desde que lanzó su iniciativa sobre cambio climático y energía limpia, Iniciativa de Energía Sostenible y Cambio Climático (SECCI) en el 2006, da a entender que no sólo falta una estrategia de clima en el Banco, sino que hay indicadores que señalan en direcciones opuestas. Quizás lo más alarmante sea que sólo alrededor del 12% de todo el financiamiento para energía desde que se lanzó la SECCI ha sido para generar energía renovable. Este sorprendente desequilibrio para apoyar los recursos no renovables contradice todas las metas sobre sustentabilidad que se han declarado y aumenta la brecha entre la retórica y la práctica en el BID.

Siguiendo la huella de carbono del financiamiento del BID para combustible fósil

El financiamiento para energía del BID refleja una larga preferencia por el combustible fósil que no será fácil deshacer. El BID hizo su primer préstamo al sector energético en 1961. Desde entonces, ha otorgado cerca de $20.000 millones de dólares en préstamos al sector energético. El 89% se ha concentrado en electricidad. Hasta la última década, las actividades del BID en cuanto a energía limpia eran sólo una pequeña porción de los gastos generales en energía. De 1975 a 1998, cerca de 50 proyectos pequeños y medianos sobre energía renovable (ER) recibieron financiamiento por un total de $600 millones de dólares. La mayoría de los proyectos de esta categoría se concentraban en la generación de energía geotérmica y plantas hidroeléctricas a pequeña escala. En un análisis reciente del BID sobre financiamiento para energía se encontró que el Banco apoyaba 49 proyectos para reserva de proyectos en materia de combustibles fósiles, energía y reformas a los sectores, con un financiamiento de $6.270 millones de dólares de la época de la Cumbre para la Tierra desde 1992 hasta marzo de 2004. Se calcula que estos proyectos que respaldaba el BID generarían más de 3.000 toneladas de emisiones de dióxido de carbono, es decir, más del doble de las emisiones que generaron todos los humanos en Sudamérica, Centroamérica y México en el 2000. El 50% de los 15 principales beneficiarios corporativos de los proyectos del BID sobre combustible fósil se ubicaban en Estados Unidos, con excepción importante de Petrobras en Brasil. El ahora repudiado Enron clasificó en cuarto lugar entre los beneficiarios corporativos trasnacionales y fue apoyado con más de $880 millones de dólares en préstamos del BID en Argentina, Bolivia, Brasil y México.

Una revisión de los préstamos al sector energético por parte del BID desde que se lanzó la SECCI muestra lo poco que se ha logrado en cuanto a cambiar la propia huella de carbono del Banco en el sector. Del total de $6.500 millones de dólares de financiamiento autorizado para préstamos y cooperación técnica para proyectos de energía desde el 2006, sólo $759 millones de dólares (12%) reúne los requisitos como apoyo para la generación de energía renovable y el 36% va para energía no renovable. La mayoría de los proyectos del BID para energía financiaron la interconexión de redes regionales de electricidad, programas para reformas del sector energético y electrificación rural; todos ellos sin un claro componente de energía renovable renovable. La otra tendencia clara es el tremendo aumento en el nuevo financiamiento que se propone para el sector energético para el 2009 y la desproporcionada inclinación por favorecer el financiamiento a la energía no renovable.

De los cerca de $3.500 millones de dólares para el financiamiento del sector energético que el BID tiene en preparación en 2009, menos del 10% se asigna claramente para fomentar la generación de energía renovable. Casi la mitad de los próximos préstamos del BID será para financiar proyectos de energía no renovable. Otros $1.500 millones de dólares propuestos para financiar energía no tienen un claro componente que apoye la energía renovable.

En 2008, el BID ha anunciado un préstamo a Colombia para apoyar la expansión y rehabilitación de la Refinería de Cartagena. A través de los prestamos tipo Sector Privado, el BID esta preparando una operación de $800 millones de dólares para ECOPETROL, destinada a la modernización de la Refinería de Cartagena S.A. Después de este mejoramiento, la refinería de Cartagena, que es la segunda más importante de Colombia, aumentará su capacidad para procesar hasta 165,000 barriles de crudo al día. Otro proyecto para financiar un nuevo oleoducto en Colombia con dos préstamos del sector privado por un total de $200 millones de dólares apareció en la cartera del BID en mayo, 2008 solo para luego desaparecer sin explicación.

Con este préstamo de 200 millones de dólares, sumado a otro recientemente aprobado a Camisea II (Perú LNG) por otros $475 millones de dólares, y uno en preparación para PetroEcuador por un monto de $40 millones de dólares (aunque inicialmente comenzó con un monto de $400 millones de dólares), el BID aparentemente estaría entrando con fuerza al sector hidrocarbonífero. Si a esto se le suman otras inversiones como el apoyo para una termoeléctrica en Maranhao, Brasil ($245 millones de dólares) y otra planta termoeléctrica en Ceará ($437 millones de dólares), más el apoyo para biocombustibles, cuyas credenciales ambientales son cuestionables, y posiblemente un proyecto para apoyar la mina abierta de carbón mas grande del mundo (El Cerrejón en Colombia) en su producción de "carbón verde", tenemos un portafolio energético fuertemente ligado a sus directrices sobre cambio climático y pobreza en la región.

Iniciativa del BID sobre el clima

Estas grandes inversiones en energía no-renovable y "sucia" parecieran ensombrecer la tendencia de un creciente apoyo del BID a proyectos de producción de etanol, eficiencia del sector eléctrico, y agua/saneamiento, energía eólica, adaptación al cambio climático, y otros proyectos que apoyan las reformas de las políticas sectoriales (PBLs). Mientras tanto la iniciativa SECCI, muestra un conjunto de proyectos pequeños y dispersos, los cuales carecen hasta ahora de un plan maestro, o de unas metas institucionales claras sobre cuánto representan en el balance neto de la emisión de gases invernadero para el BID o sus clientes. A pesar del optimismo que muchos observan en las actividades de SECCI, si el BID no rinde cuentas ecológicas frente a un apoyo continuo a proyectos que aceleran el cambio climático, quedamos con una gran duda acerca de la efectividad de sus inversiones.

Una encuesta sobre operaciones actuales de energía plantea dudas acerca de qué tanto la iniciativa SECCI puede alterar las preferencias del BID por el combustible fósil. Desde que se lanzó la iniciativa en el 2006, el BID ha autorizado o está preparando préstamos por un total de por lo menos $2.400 millones de dólares en inversiones para energía mediante combustibles fósiles. Uno se pregunta cuánto tendrá que gastar el BID con la iniciativa SECCI para restaurar la neutralidad neta del carbono en su cartera actual.

Un vistazo al Informe sobre Sustentabilidad 2007 del BID sugiere que al Banco le falta un sistema para localizar nuevas inversiones verdes y mucho menos para justificar las emisiones netas de gases invernadero de su cartera. El informe proporciona datos un tanto vagos sobre 20 préstamos ambientales por $1.100 millones de dólares (casi el 80% para agua y salubridad) y 81 subvenciones ambientales por $32 millones de dólares. Sólo se designaron $20 millones a proyectos para adaptación climática, en comparación con el déficit de América Latina de alrededor de $50.000 millones de dólares en el área.

La ambigüedad conceptual persigue al esfuerzo del BID por reinventarse como banco "verde". El apoyo a los biocombustibles ha despertado críticas generalizadas y ha presionado al Banco a idear un mecanismo de filtros que precalifique a las nuevas inversiones como sustentables. Cuando cerca del 50% de las emisiones de gases invernadero provienen de patrones insustentables de uso de tierras en América Latina, el BID fomenta Carreteras en la región del Amazonas a través de la IIRSA con poca atención a la falta de gestión y no cuenta con planes de adaptación agrícola para cambiar los ciclos pluviales. Además del desequilibrio de financiamiento para energía, se anotan grandes presas hidroeléctricas como sustentables, cuando los costos totales sociales y ambientales de dichos proyectos se han calculado demasiado bajos. Enumerado como préstamo para eficiencia ambiental, el BID cita un crédito por $415 millones de dólares para la compañía eléctrica estatal brasileña Furnas Centrais Eléctricas SA para rehabilitar equipo en turbinas hidroeléctricas medianas. Hay que comparar esta ganancia positiva de eficiencia con el 40 por ciento de participación en Furnas en la ecológicamente desastrosa presa hidroeléctrica San Antonio de 3.150 MW en el Río Madeira.

Además de la cooperación no reembolsable que tanto se necesita para invertir en cuestiones climáticas, los préstamos del BID para apoyar reformas de políticas ambientales que actualmente se ponen a prueba en Perú, México y Colombia, ofrecen la promesa de un cambio potencial sin importantes condicionantes al préstamo que pudieran cambiar los incentivos hacia un desarrollo sustentable. Por otra parte, se ha criticado categóricamente el financiamiento de biocombustibles y la gran parte para el carbono por sus dudosas credenciales verdes. Asimismo, un préstamo por $150 millones para apoyar reformas de políticas ambientales en Perú (NUMES) se queda demasiado corto ante el daño causado por el proyecto Camisea de exportación de hidrocarburos por $4.000 millones de dólares.

Distanciamiento entre la retórica y las acciones

La iniciativa SECCI es un programa, no una política del Banco en materia de clima. Sin embargo, este bajo nivel de existencia se ve amenazado por una preocupación fundamental en la capacidad de gestión del BID para ofrecer liderazgo intelectual y moral, ya sea de manera operativa o intelectual, con respecto a los retos ambientales y de sustentabilidad del hemisferio. Un grupo externo de expertos convocados por el Banco para asesorarlo sobre cuestiones ambientales recientemente apeló al Banco para que asignara más recursos a sus compromisos de sustentabilidad, particularmente para contar con profesionales diestros y gerentes destacados que creen un sistema capaz de obtener resultados.

La autoridad administrativa formal de la SECCI se asignó a la recientemente creada División de Infraestructura y Ambiente, dentro de la Vicepresidencia de Sectores y Conocimiento. Juan Pablo Bonilla fue nombrado para dirigir la SECCI, aun cuando Roberto Vellutini ha ejercido autoridad administrativa. Vellutini, que anteriormente fue especialista en infraestructura dentro del Departamento para el Sector Privado (PRI) del BID toma las riendas del departamento con la importancia operativa de más alcance en la nueva estructura del Banco. Será el director principal que inicialmente sea responsable de todos los aspectos para proteger el ambiente y asimismo, ofrecerá apoyo operativo a todos los proyectos de infraestructura del Banco. Como ex director de proyectos para el sector privado en varios de los más polémicos proyectos de infraestructura en años recientes (las presas hidroeléctricas de Cana Brava y Campo Novos en Brasil y el Termoeléctrico del Golfo en México), algunos dentro de la sociedad civil están preocupados de que Vellutini no cuente con la confianza del personal del Banco que trabaja con él en cuestiones ambientales y de la comunidad ambiental en general para implementar de manera efectiva las políticas sobre garantías del Banco.

Vellutini dejó atónitos a los expertos en un congreso ambiental de noviembre pasado al anunciar que el Banco pronto ayudará a Colombia a producir "carbón verde". Lo que Vellutini quería decir eraque había un acuerdo por parte del BID para dar asistencia técnica a través de la SECCI para dotar de energía eólica y biodiesel a la flota de camiones de Carbones El Cerrejón, la más grande mina de carbón a cielo abierto del mundo. SECCI está brindando apoyo a Carbones El Cerrejón en relación con un análisis de sus proyectos actuales, y suministrará financiamiento para dos operaciones de cooperación técnica dirigidas a evaluar (i) la viabilidad de la construcción de una proyecto a pequeña escala de aprovechamiento de la energía eólica, y (ii) la posibilidad de utilizar los terrenos de la mina como campo para el cultivo de la planta de Jatrofa por parte de comunidades indígenas locales. También se evaluarían las posibilidades de utilizar la Jatrofa para la producción de biodiésel con destino a la maquinaria pesada de la mina.

En febrero, Vellutini fue ascendido a Vicepresidente de Países después de la sorpresiva salida de su compatriota Octavio Canuto, quien había sido contratado en julio de 2007 para asegurar la estructura administrativa de reajuste del BID.

Considerando los hechos recientes, muchos cuestionan si la iniciativa SECCI tendrá éxito para lavar ecológicamente la imagen del BID. ¿Cuántos tanques de biodiesel de camiones o cuántos MW de electricidad generada con el viento se necesitan para compensar la producción de 30 millones de toneladas de carbón que se exportan anualmente desde la mina colombiana del Cerrejón?

Este artículo fue publicado originalmente en la publicación "BID en la Mira", coordinada por Bank Information Center y Amazon Watch en ocasión de la 50a Reunión Anual de Gobernadores del BID - Medellín, marzo, 2009. Ver versión completa - formato pdf

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