Fuente:
BID en la Mira
Mie 15 Abr 2009
Ocurre con frecuencia que aquellas realizaciones de las que suele enorgullecerse el BID son justamente las mismas que hemos sometido a crítica y hemos impugnado en numerosas ocasiones. Una de ellas es, por ejemplo, su compromiso en la promoción de las políticas de libre comercio que consideramos funestas desde el punto de vista del impulso a un desarrollo genuino, sostenible y con equidad social en los países de América Latina.
En efecto, desde principios de la década de los años noventa, el BID, luego de apoyar los diversos programas de ajuste estructural, comienza a plantear una redefinición de los objetivos de integración subregional o regional en el continente. Reconociendo, en cierto modo, que la simple idea de liberalización comercial resultaba, cuando menos controvertible, se coloca en el terreno de la integración que gozaba de cierto prestigio político. Acuña, o recoge, entonces, la idea de "regionalismo abierto". Según esta definición, la integración subregional, por ejemplo en el Pacto Andino que apuntaba a su resurrección en la CAN, después de años de estancamiento, o en la creación novedosa de Mercosur, tendría como objetivo principal, ya no la construcción de un mercado ampliado para proseguir en una dinámica de sustitución de importaciones como antes, sino anticipar espacios de libre comercio que, con el paso del tiempo, pudieran confluir en una liberalización continental y planetaria. Se instala, pues, en el discurso del "desarrollo", el dogma de impulsar, por esta discutible vía, el incremento de la competitividad de los países, para "insertarse" en el mercado global.
El objetivo era político: eliminar entre socios o vecinos una serie de barreras comerciales cuya remoción hacia el mercado mundial, en general, era impresentable o particularmente difícil desde el punto de vista político. Y eso que ya, como parte de los programas de ajuste, casi todos los países de América Latina y el Caribe habían procedido a generales y radicales desgravaciones arancelarias unilaterales. La política del BID se orientó entonces en este sentido, ya sea como condicionamiento en la aprobación de los créditos o directamente como oferta de líneas especiales de "fortalecimiento institucional" en espacios nacionales o intergubernamentales, encaminadas a "la preparación de los países para una inserción competitiva en la economía mundial globalizada". Importante era en este orden de ideas la homogeneización de las instituciones del mercado (normas iguales, estables y creíbles), pero sobre todo la creación de dinámicas supranacionales de reforma que, bajo una imagen de simple técnica administrativa, pudieran escapar de las exigencias originadas en coyunturas políticas nacionales.
Es por esta razón que, a partir de 1994, el BID se coloca en el primer lugar en la defensa y promoción de la propuesta del ALCA. Aparece, junto a la OEA y la CEPAL, entre sus soportes institucionales. En su argumentación, las integraciones subregionales encontraban por fin el horizonte mayor: la integración continental, en la órbita, por supuesto, de los Estados Unidos. En adelante, en el marco de las tortuosas negociaciones que condujeron finalmente al fracaso y abandono definitivo de la propuesta, el BID se dedicó a orientar una parte de sus créditos a la creación de capacidades institucionales (incluidas políticas macroeconómicas), en muchos de los países, para ésta y otras negociaciones. Y cuando comenzaron a tomar fuerza los tratados bilaterales (Chile, Centroamérica, los países andinos) estuvo atento a respaldar con su fuerza política y sus recursos la firma de los mismos.
No obstante, al despuntar el siglo XXI, la mayor contribución del BID a la política continental y global de libre comercio comenzó a desplegarse en otro ámbito de la llamada integración, en este caso silenciosa pero firme y hasta cierto punto independiente de los avatares de los tratados de libre comercio: la integración de la infraestructura física.
En América del Sur, la conocida IIRSA. Junto a la CAF y Fonplata, aparece como una de las principales fuentes de financiación de los megaproyectos. Podría dar la impresión de que el BID volvía así a su mandato original de "apalancar el desarrollo", por la vía de las grandes obras civiles, como se pensaba en los años sesenta. Sin embargo, y no es necesario volver sobre este punto, es claro que el diseño y la lógica de esta colosal iniciativa de integración física sirve a los objetivos de la liberalización comercial y sobre todo a su contenido fundamental: un modelo de desarrollo basado en la explotación y exportación de recursos naturales. Pero además, no hay que olvidar que aparte de las obras materiales, la IIRSA, sobre todo en materia energética y de telecomunicaciones, apunta a consolidar un mercado unificado en el cual sigue siendo fundamental la homogeneización de las instituciones y las políticas, incluida la coherencia de las políticas macroeconómicas. En eso continúa trabajando el BID, otra vez a partir del condicionamiento y de la selección de los créditos. Desafortunadamente para él, parece que no todos los gobiernos de la región marchan en el mismo sentido, y menos ahora cuando comienzan a verse los efectos de la crisis mundial y la dogmática neoliberal tiende a hundirse con muy poca gloria.
En todo caso, si algo nos muestra el repaso de esta historia reciente, es que el BID, ha intentado siempre hacer valer su condición de institución supranacional. Habría, según su propia ideología una "política correcta" que está por encima de las decisiones nacionales. Y es por eso que su escenario natural es el del libre comercio. En realidad, como hemos señalado tantas veces sus críticos, se levanta como un instrumento al servicio del proyecto de grupos de poder globales, muy lejos, por lo tanto, de ser una institución que rinde cuentas a sus países miembros, cuyos supuestos representantes se reúnen periódicamente en asamblea, como en este año de "aniversario", en un ejercicio de "democracia" que ni siquiera es aparente.
Este artículo fue publicado originalmente en la publicación "BID en la Mira", coordinada por Bank Information Center y Amazon Watch en ocasión de la 50a Reunión Anual de Gobernadores del BID - Medellín, marzo, 2009. Ver versión completa - formato pdf
|