¿Blindar o reventar? Asesoramiento en políticas del FMI para países de bajo ingreso en momentos de crisis
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Fuente: Eurodad
Vie 03 Jul 2009

En la cumbre celebrada en Londres a comienzos de abril, los líderes de los veinte países más ricos del mundo decidieron que el Fondo Monetario Internacional (FMI) sea un instrumento clave para responder a la crisis financiera y económica. Estuvieron de acuerdo en cuadriplicar los recursos del Fondo de 250 mil millones a 1 billón de dólares. ¿Pero acaso el FMI se encuentra apto para cumplir con este propósito?

¿Se han olvidado algunos de estos líderes de que el FMI impuso condiciones nocivas sobre sus propios países tras la crisis de los años ’90, las cuales contribuyeron a hundir más sus economías? ¿Cuál será el resultado de la decisión del G20 para las decenas de millones de personas que ya están padeciendo esta combinación de crisis alimentaria, financiera, económica y climática?

El nuevo trabajo de investigación de Eurodad "¿Blindar o reventar? Asesoramiento en políticas del FMI para países de bajo ingreso en momentos de crisis" muestra que el FMI continúa aconsejando severas políticas fiscales y monetarias a los países de bajo ingreso así como polémicas reformas estructurales. Si el Fondo ha de proporcionar financiamiento a los países pobres para cerrar las brechas financieras creadas por la crisis, debe cambiar y debe hacerlo pronto. Reaccionar tarde y mal puede significar la muerte y hambruna para millones de personas en los países pobres.

Reformas recientes en el FMI: no tan rápido

La renovada importancia del FMI y los recientes cambios que ha instituido significan menos para los países de bajo ingreso que para los de mediano ingreso. Los términos de los préstamos para los países pobres podrían permanecer sin mayores cambios, y por lo tanto resultar muy poco atractivos para los gobiernos endeudados. La nueva Línea de Crédito Flexible (LCF) que habrá de proporcionar créditos preventivos con condicionalidades muy bajas, solo se encontrará disponible para los países que el FMI denomina “de alto desempeño” – es decir, los países más ricos de mediano o alto ingreso que cuentan con políticas que el Fondo considera adecuadas. El FMI también reformó recientemente algunas de las características del Servicio para Shocks Exógenos (ESF por sus siglas en inglés) a modo de facilitar el acceso de los países de bajo ingreso a los recursos del Fondo en caso de shocks externos. Más recientemente, en marzo de 2009, el Fondo también eliminó progresivamente los Criterios de Desempeño Estructural, un tipo de condición que ligaba a sus préstamos.

Especialmente en tiempos de crisis, se debe canalizar hacia estos países una gran cantidad de financiamiento en términos altamente concesionales a modo de evitar nuevas rondas de deuda que puedan estrangular el espacio fiscal de estos países en un futuro cercano. La condicionalidad del FMI ha sido fuertemente criticada por algunos gobiernos de países del Sur e investigadores independientes por obligar a países empobrecidos a adoptar severas políticas monetarias y fiscales. De continuar con esto, se evitarán incrementos al gasto del gobierno para mantener la actividad económica en estos tiempos de crisis y salvaguardar el gasto a favor de los pobres. Según lo declarado por un funcionario del Ministerio de Educación de Sierra Leona, “las políticas del FMI crean y mantienen la pobreza. Las políticas del FMI/Banco Mundial son diametralmente opuestas dado que las primeras obstaculizan la realización de las últimas”.

Condiciones y asesoramiento del FMI en tiempos de crisis

Las condiciones restrictivas y el asesoramiento en políticas del FMI, que ya resultaron problemáticos en tiempos de crecimiento económico y crecientes flujos de ayuda, serían realmente imprudentes en tiempos de crisis. Se debe otorgar el espacio fiscal necesario a los países más pobres para que sigan el tipo de políticas anticíclicas que están siendo actualmente utilizadas por los países ricos, especialmente en vistas de que la actual crisis económica y financiera se suma a una severa pobreza y a una crisis de los precios de los alimentos. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, advirtió a los líderes del G20 previo a la cumbre de Londres que “se necesita al menos 1 billón de dólares para ayudar a los países en desarrollo a atravesar la crisis financiera mundial... Al otorgarles este apoyo estarán reforzando la economía mundial, contribuyendo a apuntalar vuestro propio crecimiento y asegurando la estabilidad mundial.” Esto implicará obviamente que los países más ricos movilicen recursos adicionales para ayudar a dichos países a cerrar las gigantes brechas financieras que enfrentan y que dichos países puedan llegar a implementar políticas que les permitan estimular sus economías.

El papel del FMI es de extrema importancia, no solo como prestamista sino como guardabarrera para el ingreso de otros flujos financieros, ya que los compradores de bonos y donantes requieren típicamente que los países beneficiarios se encuentren encarrilados en algún programa del FMI como “señal” clave para decidir si continúan dejando fluir donaciones y préstamos. El FMI desempeña un papel preponderante para determinar qué sucede con el ingreso de la ayuda. En 2007, la ayuda extranjera a Sierra Leona se agotó completamente a causa de una evaluación negativa del FMI. Países como Etiopía continúan planteando estas preocupaciones. En enero de 2009, el gobierno de Etiopía presentó una solicitud de aprobación al FMI para su Servicio para Shocks Exógenos. En la misma se leía que “varios donantes han estado demorando los desembolsos debido a inquietudes acerca de la situación macroeconómica de Etiopía. El acceso al ESF no solo cerraría la brecha financiera que resta para el 2009 sino que fortalecería la credibilidad del compromiso de Etiopía en materia de política macroeconómica”.

Este informe analiza diez crisis por préstamos del FMI a países de bajo ingreso, incluyendo los cuatro Servicios para Shocks Exógenos aprobados desde fines del año 2008, cuatro Servicios para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (PRGF por sus siglas en inglés) aprobados en 2009, y dos Acuerdos Stand-By para Armenia y Mongolia. Se analiza si es que en tiempos de crisis los programas del FMI permiten una mayor flexibilidad de las políticas monetarias y fiscales de estos países, así como de las reformas estructurales. El informe examina tanto las condiciones vinculantes como las no vinculantes y los objetivos programáticos que no están sujetos a una condicionalidad estricta.

Las conclusiones de Eurodad muestran que los programas del FMI para países de bajo ingreso están otorgando una flexibilidad adicional extremadamente limitada en materia de política monetaria y fiscal. Esta flexibilidad limitada se otorga claramente sobre una base temporal y a muy corto plazo, al tiempo que se hace hincapié en la necesidad de volver rápidamente a metas fiscales y monetarias más ajustadas. De los diez países para los cuales Eurodad evaluó el nuevo programa del FMI:

• cinco programas presionan para congelar o realizar recortes a los gastos salariales;
• cinco deben reducir el déficit, y
• todos tienen que realizar recortes al gasto;
• cinco de los diez programas todavía impulsan a los gobiernos a trasladar los aumentos sobre los alimentos y los combustibles a los ciudadanos.
• ninguno ofrece flexibilidad para diferir los pagos de la deuda. Además para Senegal el Fondo también exige como condición vinculante que “cualquier ingreso por ventas de activos sea utilizado para saldar pagos atrasados y pagar deudas no concesionales”.

Se observa apenas una mayor flexibilidad en comparación con años anteriores en lo que respecta a reformas estructurales. Las reformas relacionadas con la privatización y liberalización son menos frecuentes en los programas analizados. Tienden a no seguir siendo impuestas como condiciones vinculantes pero aún figuran como parte integral de algunos programas del Fondo. En algunos programas, como el ESF para Senegal, Malawi y la República Kirguisa, las reformas estructurales se concentran fuertemente en la administración financiera pública, con mucho menos – o ninguna – reforma estructural en otras áreas. Sin embargo, todos los programas sin excepción alguna continúan promoviendo reformas estructurales que podrían resultar polémicas, como el aumento sobre las tarifas de los servicios públicos, las reformas tributarias orientadas a fortalecer la tributación indirecta, la privatización del sector financiero y energético, o la liberalización comercial.

Información relacionada:

->El nuevo marco de crédito del FMI: ¿lo desataniza?, por Marlén Sanchez, Centro de Investigaciones de Economía Internacional

->Condicionalidad del FMI: ¿La historia se repite?, por Third World Network

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