Fuente:
Jubilee Research
Lunes 17/10/2005
La publicación anual insignia del Banco Mundial, El Informe sobre Desarrollo Mundial (IDM), contiene generalmente poco más que un reciclaje de ciertas partes de la agenda ideológicamente orientada del Banco, ofreciendo a los países en desarrollo “consejos” útiles acerca de lo que deben hacer con referencia a temas tales como servicios, instituciones o clima de inversión. Este año, el informe es un poco diferente, a primera vista, su planteo de los problemas parece en gran medida un inexpresivo reciclaje de los argumentos que las ONG y otros han estado presentando durante décadas al Banco.
La publicación anual insignia del Banco Mundial, El Informe sobre Desarrollo Mundial (IDM), contiene generalmente poco más que un reciclaje de ciertas partes de la agenda ideológicamente orientada del Banco, ofreciendo a los países en desarrollo “consejos” útiles acerca de lo que deben hacer con referencia a temas tales como servicios, instituciones o clima de inversión.
Este año, el informe es un poco diferente. A primera vista, su planteo de los problemas parece en gran medida un inexpresivo reciclaje de los argumentos que las ONG y otros han estado presentando durante décadas al Banco (no obstante, con algunos inevitables giros típicos del Banco) – revelándose todo de forma ceremoniosa como si el Banco recién lo hubiera descubierto. Resulta realmente estimulante advertir que el Banco parece por fin estar acusando recibo de parte del mensaje – aún cuando todavía no se permita reconocer los cambios fundamentales que esto implica para lo que él mismo hace y cómo lo hace.
Pero el énfasis del IDM continúa poniéndose seriamente en lo que sucede (o debería suceder) al interior de los países en desarrollo. Mientras que existen fuertes paralelismos a nivel mundial, la única página del texto dedicada a las “Desigualdades Globales en el Poder” dentro de este informe de 273 páginas deja claro que el Banco tiene aún un largo camino por recorrer en materia de descubrir cómo los argumentos presentados en el IDM se aplican a este contexto.
Sabiendo que muchas veces se puede estar demasiado cerca de un problema – y que el Banco se encuentra incómodamente cerca de este – pensamos que podríamos ser de ayuda a los funcionarios y directivos del Banco, ofreciéndoles el beneficio de una visión más apartada sobre cómo algunos de sus argumentos se aplican al actual sistema mundial de gobernanza económica.
Los pasajes en negrita a continuación son citas directas extraídas de las Pautas Generales del IDM.
“La desigualdad política y económica tiende a conducir a instituciones económicas que sistemáticamente favorecen los intereses de aquellos que poseen más influencia”
• Es difícil pensar en otras tres instituciones que demuestren este punto mejor que las instituciones clave que rigen la economía mundial – el FMI, la OMC y el mismo Banco Mundial – cuyas estructuras de gobernanza permiten el aprovechamiento por parte de los gobiernos del Norte como mecanismos para controlar a los gobiernos del Sur a favor de los intereses políticos y comerciales del Norte.
“Existe una capacidad desigual para incidir en la agenda política: los intereses de aquellos que se encuentran privados de derechos pueden no llegar nunca a expresarse o estar representados”
• Tanto en el Banco Mundial como en el FMI, el poder de voto de cada país se mide de acuerdo con el tamaño de su economía. En consecuencia, mientras que los países de bajo y mediano ingreso representan aproximadamente 85% de la población mundial, cuentan solo con el 37% de los votos en el BIRF[1], 34% en la AIF y 33% en el FMI. Esto significa que el promedio de países de ingreso alto posee entre 9 y 11 veces más votos por un millón de personas que el promedio de países de ingreso bajo o mediano. Los países más pobres se encuentran aún en mayor desventaja.
• Combinado con el sistema del electorado, esto significa que de los 24 Directores Ejecutivos, solo 9 en el Banco y 10 en el Fondo provienen de países en desarrollo (excluyendo a países de ingreso alto como Kuwait en el Banco, Corea en el Fondo y Arabia Saudita en ambos) y que estos solo tienen derecho a emitir entre un 23-28% de los votos.
• Existe una larga y consistentemente aplicada “tradición” por la cual el Presidente del Banco Mundial es un ciudadano estadounidense elegido por el gobierno de los Estados Unidos[2], y el Director Gerente del FMI es un europeo seleccionado por los gobiernos europeos occidentales, y estos candidatos no reciben la oposición de ninguno de los otros países miembros. Esta “tradición” fue seguida recientemente en la designación del ex Ministro de Economía español Rodrigo de Rato como director del FMI en el 2004 y del ex Secretario Adjunto de Defensa de los Estados Unidos Paul Wolfowitz como Presidente del Banco Mundial a principios de este año.
• La más reciente (1994) “tradición” de que el cargo de Director General (DG) de la OMC alterne entre un ciudadano de un país desarrollado y de un país en desarrollo ha sido en general aplicada con menor consistencia. Mientras que las cuatro quintas partes de los miembros de la OMC corresponden a países en desarrollo, cuatro de sus cinco DG han sido de países desarrollados – siendo el último, nada más ni nada menos que el Comisario de Comercio de la Unión Europea Pascal Lamy. Según se ha informado, Lamy fue designado luego que los Estados Unidos le otorgaran su respaldo en retribución a los gobiernos europeos por apoyar a Paul Wolfowitz como Presidente del Banco Mundial frente a un estado de masiva e intensa hostilidad. Para cuando Lamy finalice su mandato en el año 2009, solo un ciudadano de un país en desarrollo (Supachai Panitchpakdi de Tailandia) la habrá encabezado por únicamente tres de los casi 15 años de existencia de la organización.
• Al tiempo que las estructuras formales de la OMC se basan, en principio, en el concepto de “un país, un voto”, en la práctica, estas son ampliamente dejadas de lado, cuando la mayoría de las decisiones se toman a puertas cerradas en reuniones “mini-ministeriales” de carácter extra-oficial y en reuniones tras bastidores, entre grupos reducidos de miembros (a menudo seleccionados a dedo por los gobiernos de los países desarrollados), ejerciéndose deliberadamente presión en materia política, económica y financiera.
• Además, la escasez de fondos en muchos países en desarrollo implica que sus delegaciones sean inevitablemente derrotadas desde el inicio en las negociaciones de la OMC. En la Conferencia Ministerial de la OMC en Doha en el año 2001, por ejemplo, la Unión Europea (que negocia como un único bloque) contaba con más de 500 delegados, mientras que Mauricio solamente tenía dos y Haití, el país más pobre del hemisferio occidental no tenía ninguno. Algunos países en desarrollo dentro de la OMC, como Malí, no cuentan con ninguna representación en Ginebra, por lo cual sus representantes pueden tener que llegar a viajar casi 500 kilómetros para asistir a una reunión.
“Las desigualdades a nivel económico, político y social tienden a reproducirse con el tiempo y a través de las generaciones.”
• La arquitectura de la economía mundial, incluyendo la del FMI, el Banco Mundial y el GATT (predecesor de la OMC), fue diseñada durante la época colonial. Fueron pocos los países en desarrollo que participaron en las negociaciones que llevaron a la creación de estas instituciones; y la influencia ejercida por los mismos fue en el mejor de los casos muy limitada, estando de todos modos la mayoría de sus gobiernos (fuera de América Latina) controlados por las potencias coloniales.
Los sistemas de votación ponderados del Fondo y el Banco, y las tradiciones antidemocráticas para seleccionar a sus directores también fueron establecidas en esta época – un momento en el que la mayoría de sus miembros eran países desarrollados y la mayor parte de las actividades del Fondo y el Banco se encontraban orientadas a los mismos. Estos privilegios anacrónicos han sido y continúan siendo celosamente guardados por los países desarrollados.
• Las actitudes han sido tan renuentes al cambio desde la época colonial como lo han sido las estructuras de gobernanza mundial. El principio de condicionalidad de política económica – y especialmente la condicionalidad del apoyo financiero a la aplicación de políticas económicas basadas en los intereses comerciales e ideologías de los países desarrollados – encarna implícitamente una actitud neocolonialista del Norte de que “nosotros” sabemos mejor que ellos cómo manejar “sus” economías.
“Cuando las políticas ponen en tela de juicio los privilegios, los grupos poderosos podrían intentar bloquear las reformas”
Seguramente haya pocos hechos que ilustren mejor este proceso que los siguientes:
• la falta de respuesta a los llamados de la sociedad civil y de los gobiernos del Sur, repetidos en el transcurso de más de 20 años, a la implementación de medidas para abordar el tema de la crisis de la deuda de forma efectiva,
• el bloqueo a las tan necesarias reformas democráticas de los mecanismos anacrónicos y seriamente sesgados de gobernanza económica mundial encarnados en el Banco Mundial, el FMI y la OMC,
• la exclusión de temas de preocupación clave de los países en desarrollo de la actual ronda de negociaciones de la OMC (temas que surgen de la implementación de los “Acuerdos” existentes y del tan degradado principio de Tratamiento Diferencial y Especial) aún antes del comienzo de las negociaciones, y
• la exclusión de la Agricultura – un tema de importancia crucial para la mayoría de los países en desarrollo – de las atribuciones del GATT, y cuando se incorporó al sistema de comercio multilateral, el diseño del Acuerdo sobre la Agricultura de la OMC de una forma tal como para requerir cambios mínimos en las políticas de los países desarrollados.
“Cuando los países en desarrollo tienen poca o ninguna voz en la gobernanza mundial, las reglas pueden resultar inapropiadas y costosas para los países más pobres.”
Así como el bloqueo al avance en estos temas, la muy limitada incidencia de los países del Sur en el FMI, el Banco Mundial y la OMC ha conducido directamente a
• la imposición de políticas de ajuste estructural que han perjudicado al desarrollo sostenible y han tenido un importante costo social en materia de pobreza, salud y educación;
• los terribles efectos sociales y económicos de la mal manejada “transición” económica en los países de la ex Unión Soviética;
• la evolución del sistema financiero mundial que dio lugar a una ola de crisis financieras en el Sudeste Asiático, América Latina, Rusia y otros lugares a mediados y fines de la década del ‘90;
• la respuesta inapropiada a estas crisis, lo cual agravó innecesariamente los adversos efectos económicos y sociales; y
• los “Acuerdos” de la OMC que fomentan los intereses comerciales a costa del desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza, en todo un campo aún mayor que se extiende mucho más allá del comercio e incluye, por ejemplo, la propiedad intelectual, la inversión extranjera, los servicios públicos y los potenciales logros a nivel gubernamental.
“La superposición de desigualdades sociales, culturales y económicas... son perpetuadas por la elite”
• Todos los factores mencionados anteriormente han socavado el desarrollo y creado dependencia, haciendo que los países en desarrollo se vuelvan extremadamente dependientes de la ayuda, la reducción de la deuda y los acuerdos comerciales “preferenciales” con los países desarrollados.
• Sin embargo, los gobiernos de los países desarrollados han estado lejos de cumplir con la promesa realizado en 1970 de proporcionar 0,7% de su producto bruto interno en ayuda. El déficit fue aproximadamente de US$140.000 millones el año pasado y el déficit acumulado desde 1970 asciende a más de US$4 billones – el doble del ingreso total de todos los países de bajo ingreso que representan a casi dos quintas partes de la población mundial.
• Los gobiernos de los países desarrollados han explotado esta dependencia tanto para hacer cumplir la condicionalidad de política económica (en aquellas políticas que desean sean implementadas por los países en desarrollo) a través del FMI y el Banco Mundial, como para socavar la posición negociadora de los países en desarrollo en los foros internacionales.
• La imposición de estas políticas inapropiadas ha socavado además el desarrollo de los países en desarrollo.
• Esto a su vez reduce sus acciones con derecho a voto en el FMI y el Banco Mundial, y además debilita su capacidad negociadora en las negociaciones bilaterales con el FMI y el Banco Mundial, y en otros foros internacionales como la OMC.
“Estos patrones de dominación persisten debido a que las diferencias económicas y sociales se ven reforzadas por el uso abierto y encubierto de poder... [incluyendo] la manipulación agresiva o el uso explícito de la violencia.”
• Los Estados Unidos y la Unión Europea (UE) explotan despiadadamente esta dependencia de los países en desarrollo y su competencia por la reducida ayuda internacional, reducción de la deuda y las concesiones al comercio propuestas, a modo de ejercer presión sobre sus gobiernos para que firmen “Acuerdos” de la OMC que no reflejan los intereses de sus habitantes y para disolver las coaliciones emergentes del Sur que constituyen la única forma de poder asegurar alguna capacidad negociadora en las diferentes negociaciones comerciales.
• Al tiempo que sistemáticamente separan a las coaliciones de los países en desarrollo en la OMC, los principales países desarrollados también coordinan sus propias agendas, tanto dentro de la OMC (a través del grupo llamado “Quad” integrado por los Estados Unidos, la UE, Japón y Canadá) y más generalmente a través del G7/G8. Esto además desplaza el poder de la mayoría del Sur a la minoría del Norte. Aún en los casos en que el G8 intenta hacer un uso constructivo de este poder, sus promesas no llegan a alcanzar lo que se necesita (como prueba está la Cumbre del G8 en Gleneagles), y el cumplimiento de las mismas nunca llega al nivel de lo que prometieron.
• Tampoco se desconoce, de manera alguna, el “uso explícito de la violencia” por parte de las principales potencias en pos de sus objetivos geopolíticos ...
“Las desigualdades sociales, culturales y económicas…son… a menudo internalizadas por los grupos marginados u oprimidos, tornándose difícil para los pobres encontrar una salida a la pobreza.”
• El muy limitado control ejercido por los gobiernos de países en desarrollo sobre la política nacional, debido a la dependencia financiera y al uso de condicionalidad en materia de política económica, se traduce en una falta real de opción democrática, ya que cada gobierno que asume el poder se enfrenta a la misma Realpolitik, y no tiene otra alternativa que seguir por el camino escogido por sus donantes.
• Con el transcurso del tiempo, esto ha reducido las opciones políticas disponibles a la población de aquellos países que se mantienen dependientes de la ayuda y/o alivio de la deuda (e, indirectamente, aquellos altamente dependientes del financiamiento comercial), por lo cual la aceptación del modelo neoliberal de desarrollo predominante se vuelve internalizada en los sistemas políticos.
• Al mismo tiempo, las finanzas públicas de muchos países se han visto seriamente socavadas por una combinación de reducciones forzadas en los impuestos al comercio, la competencia impositiva (para el ahorro y el ingreso de inversiones), el servicio de la deuda, las altas tasas de interés a nivel interno, mayores costos a la importación debido a la devaluación, etc. Junto con la fuga de cerebros (ampliamente un sub-producto del desempeño económico deficiente), esto debilita la capacidad de los países en lo que refiere a la creación e implementación de políticas efectivas. La propia capacidad de los países es frecuentemente sustituida por la contratación de “asesores” (seleccionados, pagados y en su mayoría provenientes de países desarrollados e instituciones internacionales) en puestos clave, desplazando aún más el control que debería ejercer el país.
“La desigualdad de oportunidades causada es ruinosa y adversa al desarrollo sostenible y a la reducción de la pobreza.”
• La década del ’80 fue designada como “la década perdida del desarrollo” a causa de los efectos adversos de la deuda, el ajuste estructural y la caída en los precios de productos básicos.
• En la década del ’90, el índice de reducción de la pobreza mostró un ritmo un tercio más lento, mientras la crisis de la deuda continuaba sin resolverse, la ayuda se mantenía aún muy por debajo de la meta del 0,7%, los precios de productos básicos continuaban cayendo, y se seguían imponiendo políticas de ajuste estructural.
• En los países con excepción de China, la reducción de la pobreza necesita realizarse a un ritmo casi dos veces mayor al de la década del ’80 y aproximadamente tres veces mayor al de la década del ’90 si se ha de alcanzar el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir la pobreza a la mitad para el año 2015.
“Es más probable que las políticas igualitarias resulten exitosas cuando la nivelación del campo de juego económico se acompaña con esfuerzos similares por nivelar el campo de juego a nivel interno e introducir mayor justicia en la gobernanza mundial.”
No podríamos estar más de acuerdo… y vamos a estar observando de cerca para comprobar de qué forma (y si de hecho lo hace) el Banco va a estar promoviendo su recién descubierta preocupación por la equidad con respecto a los cambios fundamentales que esto implica claramente para las políticas que el mismo Banco impulsa a nivel de país.
Sin embargo, el IDM no podría ser menos alentador a ese respecto. El Epílogo – ¿quizás agregado luego de la designación de Paul Wolfowitz como Presidente del Banco? – hace caso omiso de la experiencia de los últimos 25 años, con la francamente grotesca conclusión de que: “reconocer la importancia de la equidad … implica la necesidad de integrar y ampliar los enfoques existentes”. (Lamentablemente, esto es menos sorprendente de lo que debería ser. Cuando se publica cualquier informe del Banco, el interrogante no es sobre cuáles serán las conclusiones, sino qué tanto tendrá que ser tergiversado el análisis, o qué cantidad de evidencia pasada por alto para llegar a las mismas).
También estaremos observando – aún más escépticamente – para comprobar si es que la arrolladora justificación de cambios fundamentales al sistema de gobernanza económica mundial que esgrimen los argumentos del IDM habrá de llevarse a la práctica. Después de todo, ¿qué credibilidad pretende tener el Banco al llevar adelante una agenda basada en la equidad en sus países miembros cuando su Presidente, sus procesos de toma de decisión y sus operaciones representan el mismísimo epítome de lo que sostiene desea cambiar a nivel de país?
-------
Notas:
[1] El BIRF es la rama del Banco que otorga préstamos a una tasa de interés comercial, principalmente a países de mediano ingreso; la AIF es la rama del Banco que otorga préstamos a tasas de interés mucho más bajas, exclusivamente a países de bajo ingreso.
[2] Si bien James Wolfensohn, antecesor de Paul Wolfowitz como Presidente del Banco, era ciudadano australiano al momento de ser nominado por el Presidente Clinton, de hecho adoptó la ciudadanía estadounidense antes de ocupar el cargo a modo de preservar la “tradición”.
|