Fuente:
Monitor de IFIs en América Latina
María José Romero
Vie 23 Dic 2005
La decisión que los gobiernos de Argentina y Brasil anunciaron en el último mes de 2005 es la culminación de un proceso que con diferentes trayectorias condujeron a dos países hacia el mismo destino: pagarle al FMI. Esta decisión plantea a ambos gobiernos importantes desafíos para el año que comienza.
El escenario latinoamericano y mundial se vio sorprendido por los recientes anuncios de Brasil y Argentina de cancelar su deuda con el Fondo Monterario Internacional (FMI). La crisis que vivieron estos dos países hacia fines del siglo XX y principios del siglo XXI obligó a los gobiernos a recurrir al FMI y aumentar así el grado de endeudamiento y exposición de sus economías. Esto llegó al punto tal de pasar a integrar el ranking de los mayores deudores del organismo junto con Rusia y Turquía.
Hoy la estretagia dominante en la región, apoyada fervientemente por el FMI, es el “desendeudamiento”. De esta manera, los gobiernos latinoamericanos en la medida de sus posibilidades, y más allá de ellas, recurren a la compra de deuda externa a través del endeudamiento interno, como son los casos de Colombia y Uruguay; o a la cancelación de la deuda utilizando sus reservas internacionales como en México y Venezuela.
Sin embargo, pese al contexto regional, es posible identificar algunas particularidades en los anuncios hechos en Argentina y Brasil. Mientras que los desafíos hacia el futuro y la utilización política de un recurso económico pueden ser similares, el recorrido de ambos países para llegar a este presente marca claras diferencias.
Argentina: ¿Cómo se llega a decir “¡basta la deuda externa!”?
Desde la renuncia del Ministro de Economía Roberto Lavagna y el recambio ministerial de principios de diciembre, Argentina tenía planteado un gran desafío: cómo continuar su relacionamiento con el FMI.
Durante todo el 2005 el equipo económico soportó estoicamente las presiones del organismo. Según reiteradas declaraciones de sus representantes (Rodrigo Rato, Anne Krueger y Anoop Singh), Argentina tenía que bajar el tipo de cambio, aumentar las tarifas de las empresas públicas privatizadas, incrementar la tasa de interés para combatir la inflación y revisar la situación de los bonistas que no entraron al canje de deuda, por valor de US$ 23.400 millones de dólares, entre otras demandas. El gobierno encabezado por el presidente Néstro Kirchner rechazó sistemáticamente todas las “sugerencias”, advirtiendo que no estaba dispuesto a modificar una política económica que había permitido la recuperación de las condiciones de la economía actual.
El discurso de Kirchner hacia el FMI fue siempre de enfrentamiento y reproche por la actitud que tuvo el organismo durante la grave crisis económica y financiera de 2001. El ex ministro de Economía se quejaba del mal trato de los funcionarios del FMI, y Rato, mientras tanto, criticaba la utilización política que hacía Argentina de la negociación con el Fondo, en vísperas de las elecciones legislativas de octubre de este año.
De esta manera, el alejamiento (obligado) de Lavagna del Ministerio de Economía le dio a la relación entre Argentina y el FMI un respiro. Rato, en su última conversación con Felisa Miceli, reemplazante de Lavagna, le sugirió la necesidad de aprovechar la nueva etapa económica para abrir un nuevo diálogo con la institución.
Este nuevo contexto abrió una interrogante en relación al futuro, que terminó por despejarse con el inesperado anuncio de Kirchner: “¡basta de deuda externa!”, “¡Argentina se libera!”.
Con esta decisión Argentina pagará al Fondo 9.810 millones de dólares durante los primeros días de 2006, con los cuales cancelará el total de su deuda con el FMI, lo que representa un 8.9 por ciento de su deuda pública.
La situación actual de la deuda externa argentina indica que además de la deuda con el FMI, el país mantiene una deuda con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que representa un 6.9 por ciento y una deuda con el Banco Mundial que representa un 5.8 por ciento.
Según el discurso oficial, esta decisión deja al país “libre de condiciones” y permite un ahorro en intereses de 842 millones de dólares. Sin embargo, más allá de los numerosos apoyos políticos y sociales recibidos, felicitaciones del FMI y de Lavagna incluídas, la decisión es objeto de críticas y plantea desafíos hacia el futuro.
Desde la oposición los dirigentes políticos se oponen a la medida con diferentes argumentos. Elisa Carrió, líder del ARI (Afirmación para una República Igualitaria), sostiene que “siempre una política de desendeudamiento es correcta con una salvedad: este pago, en la forma anunciada, supone acceder a lo solicitado por el Fondo Monetario, cuya política global era salir de los países con alta exposición en materia de deuda. Esto implica que Argentina abandona la posibilidad de hacer que el FMI sea copartícipe de los costos de la crisis, pese a haber dicho en todos los foros que era corresponsable” (Clarín, 16/12/2005).
En el mismo sentido, muchos analistas han señalado el trato de acreedor privilegiado que ha recibido el FMI, ya que una vez declarado el default Argentina nunca dejó de pagarle en forma puntual a los tres organismos multilaterales (FMI, BM y BID), pero inició una negociación de canje de deuda con los tenedores de bonos, con una quita cercana al 66 por ciento, entre los que se encuentran nueve millones de aportantes al sistema de Administradores de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), tenedores de bonos argentinos y extranjeros
En cuanto a la forma de pago, la utilización de reservas internacionales es otro de los puntos más cuestionados de la medida. El FMI había “sugerido” al equipo económico argentino recurrir a esos recursos para cancelar su deuda en junio del año que termina. Esta propuesta fue rechazada por Kirchner y Lavagna con el argumento de que cuestionaba la independencia del Banco Central en materia de política monetaria. En ese momento, el respaldo de la oferta monetaria que las reservas internacionales constituyen no era el argumento principal.
Hoy el gobierno dejó atrás todos sus argumentos y decidió emitir un decreto de necesidad y urgencia modificando la Carta Orgánica del Banco Central e introducir el concepto de reservas de libre disponibilidad. Aunque las reservas hayan aumentado, de 23 a 26.800 millones de dólares, es claro que se trata de una decisión política.
Por tanto, más allá de la existencia de reservas disponibles y de un importante superavit fiscal sostenido, los cuestionamientos sociales apuntan a la grave deuda interna que arrastra el país desde la década de los noventa y que una vez más se ve postergada. Los niveles de pobreza e indigencia aún no han alcanzado los valores de 1998, y según las cifras oficiales (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo – INDEC) se ubican en el 38.5 por ciento, mientras que los programas sociales son cuestionados por serias irregularidades.
¿Qué cambió de junio a diciembre para que el presidente argentino tomara esta decisión?. Probablemente fue necesario prescindir de Lavagna, quien siempre creyó que lo mejor era buscar una refinanciación de la deuda con el Fondo, pateándola hacia adelante, considerando que Argentina deberá refinanciar a partir de 2006 una parte creciente de su deuda con los acreedores privados y que es muy difícil pronosticar lo que ocurrirá en los próximos años en el escenario financiero internacional (Página 12, 16/12/2005).
Asimismo, fue necesario esperar el momento económico y político propicio. Entre esto último seguramente jugó un papel muy importante la decisión en el mismo sentido del presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva, su repercusión internacional y las numerosas conversariones con Hugo Chávez, presidente de Venezuela.
Brasil: El ejemplo del hermano mayor
La situación de Brasil con el FMI es notoriamente distinta a la de su socio del Mercosur. El presidente Lula recibió el gobierno en 2003 con una deuda que arrastraba Fernando Henrique Cardoso, luego de recurrir tres veces a los fondos de la institución. La bandera electoral del Partido de los Trabajadores (PT), partido al que pertenece Lula, siempre fue totalmente contraria al FMI. Sin embargo, en su primer año de gobierno renovó el acuerdo con el organismo.
Contrariamente a lo que sucede en Argentina, la relación de Brasil con el FMI ha sido históricamente buena. El discurso del presidente Lula ha sido siempre de tono moderado. Más allá de sus dichos, lo que motiva la receptividad y los elogios de los funcionarios del FMI es la política que ha llevado adelante el gobierno norteño: las cuentas fiscales han cerrado según las recetas del organismo.
La decisión de Brasil de no renovar el acuerdo Stand By que mantenía con el FMI en marzo de 2005, el pago anticipado de 5 mil millones de dólares en julio de este año y el desarrollo posterior de su economía dan cuenta de que no resultó necesario para el gobierno estar condicionado formalmente para cumplir con los lineamientos de la institución.
La decisión de Lula de cancelar la deuda con el FMI por 15.500 millones de dólares se enmarca dentro de este contexto. Según declaraciones del Ministro de Economía Antonio Palocci, “la decisión de cancelar la deuda supone el ahorro de 900 millones de dólares y no provocará ninguna alteración en el buen relacionamiento entre el gobierno brasilero y el FMI. Brasil va a continuar relacionándose con el FMI en su condición de socio y continuará desarrollando proyectos en conjunto” (Rede Brasil). Por tanto, en este caso, el argumento de mayor independencia no es lo que motiva la decisión.
La deuda de Brasil con el FMI representa apenas un 7 por ciento del total de la deuda externa brasileña; mientras que la deuda mayor es la que mantiene desde 1983 con el Club de París, organismo integrado por los 19 países más industrializados.
Con esta medida seguramente el gobierno intente contrarestar las críticas a su política económica, que en el tercer trimestre del año se ha retraido en un 1.2 por ciento en relación al segundo, su peor resultado trimestral desde que Lula asumió la presidencia. De esta manera el gobierno puede comenzar el 2006, año en el que Lula intentará ser reelecto, con una nueva “bandera electoral”: por primera vez en ocho años Brasil estará libre de sus obligaciones con el FMI.
Al mismo tiempo, para Brasil este hecho constituye un paso más en la búsqueda del “investment grade”, calificación de las agencias de riesgo que sirve como una carta de presentación ante los inversores del mundo.
Por tanto, tan radical era el discurso preelectoral de Lula: ¡fuera el FMI!, que lo consigue luego de hacer “buena letra” y pagar todo lo que debía, transformándose según la organización Rede Brasil en el “mejor alumno del Fondo”.
Desde el FMI la reacción fue de total beneplácito. Rodrigo Rato felicitó al gobierno de Lula y en la conferencia de prensa en la que realizó el balance del último semestre de su gestión puso como ejemplo la actitud de Brasil. En esa ocasión (Washington, 14/12/2005) Rato señaló que países como Argentina podrían aprovechar el buen momento de la economía mundial para efectuar reformas, tal como hizo Brasil, refiriéndose a “políticas fiscales y monetarias prudentes”.
En otras condiciones el anuncio de Brasil hubiera despertado gran preocupación internacional, por el rol que el país desempeña en la economía mundial. Sin embargo, Brasil cancela su deuda con el FMI cumpliendo con todas sus metas e incluso con metas propias mucho más estrictas. Mientras el acuerdo con el FMI establecía que el país debía obtener un superávit fiscal primario de 4.25 por ciento del PBI, el gobierno de Lula economizó en los primeros diez meses de este año un 5.97 por ciento.
El desempeño económico de Brasil, a expensas del impulso exportador, y sus ahorros le han permitido aumentar sus reservas internacionales desde 2003 hasta la fecha, de 15.000 a 67.000 millones de dólares. Sin embargo, la situación de Brasil continúa siendo vulnerable.
Las previsiones de crecimiento para 2006 son sólo de un 3 por ciento y el volúmen de deuda pública es cercana al 65 por ciento del PBI. Por lo que el ahorro público y el aumento de reservas, producto también de fuertes recorte a los programas sociales y ambientales no es suficiente como para reflejar una mejora en las condiciones sociales, pobreza y desigualdad fundamentalmente.
Viejos y nuevos desafíos
La decisión que ambos gobiernos latinoamericanos anunciaron en el último mes de 2005 es la culminación de un proceso que con diferentes trayectorias condujeron a dos países hacia el mismo destino: pagar al FMI.
La institución está recuperando poco a poco su dinero. La Junta Directiva debe estar feliz por ello, aunque los funcionarios de segunda línea teman perder la incidencia que en las economías latinoamericanas han tenido por más de una década.
Sin embargo, para la actividad de estos gobiernos durante el próximo año esta decisión plantea importantes desafíos.
La fuerte presión por cumplir con los lineamientos del FMI para continuar recibiendo financiamiento externo, se cambia ahora por la imperiosa necesidad de mantener la credibilidad internacional y cumplir con los requerimientos internos que permitan que ambos países no caigan nuevamenete en las garras de los financiadores internacionales por no haber sido capaces de prescindir de ellos.
De esta manera, ambos gobiernos se verán forzados aún más a mantener una disciplina fiscal y monetaria que les permita no tener que recurrir a préstamos, que en caso de ser necesarios serían tomados a tasas de interés mucho más altas a las que presta el FMI.
Las reservas internacionales de ambos países habrán disminuido. En Brasil el desembolso de 15.500 millones de dólares representa un 25 por ciento de sus reservas, mientras que en Argentina los 9.810 millones de la cancelación implica resignar el 36.6 por ciento de sus reservas líquidas. En este último caso ya se estima que recuperar el nivel de reservas llevará a la economía cerca de un año de gestión a los niveles estimados, lo que no es una tarea sencilla.
Por otra parte, la independencia respecto de las condicionalidades del FMI no alcanza si los gobiernos tienen que incorporar las recetas de la institución a sus propios programas. Los discursos podrán seguir siendo de enfretamiento, como en Argentina, o moderados como en Brasil, pero nada indica que haya diferencias entre uno y otro, en cuanto a los comportamientos de gobierno.
Por tanto, más allá de los indicadores económicos y la estricta disciplina fiscal que Argentina y Brasil deberán cumplir, los sectores sociales más empobrecidos son los que han pagado y pagarán con su postergación todos los “espectaculares” anuncios que los gobiernos deciden hacer.
Información Relacionada:
La renuncia de Lavagna y la relación de Argentina con el FMI
Quién debe a quién: financiamiento externo en el gobierno de Lula
Gran parte de los presupuestos latinoamericanos se encuentran condicionados por el pago de la deuda
Todo depende del cristal con que se mire: Argentina y Brasil frente a la deuda
|