Wolfowitz debe analizar la corrupción del pasado, no sólo la de hoy y seguir el ejemplo positivo de Noruega
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Fuente: Eurodad
Gail Hurley
Lun 05 Jun 2006

Se podría llegar a perdonar a cualquiera que pensase que Paul Wolfowitz solo ha hablado de corrupción y nada más durante el año en que ha ocupado el cargo de Presidente del Banco Mundial. La retórica contra la corrupción de Wolfowitz ha capturado los titulares de prensa. Pero, ¿qué tan lejos puede realmente llegar el Banco con esta agenda, en particular allí donde el Banco mismo ha constituido la causa de la corrupción y de las deudas odiosas e ilegítimas en el pasado?.

Este artículo sostiene que cualquier enfoque de carácter amplio en materia de corrupción debe examinar las prácticas crediticias del pasado del Banco Mundial y cancelar las deudas que se comprueben como corruptas y fraudulentas.

Se podría llegar a perdonar a cualquiera que pensase que Paul Wolfowitz solo ha hablado de corrupción y nada más durante el año en que ha ocupado el cargo de Presidente del Banco Mundial. Si bien su predecesor, James Wolfensohn, también destacó el tema de la corrupción como un grave obstáculo para el desarrollo, Wolfowitz ha elevado el tema de forma significativa al de prioridad del Banco Mundial. La retórica contra la corrupción de Wolfowitz ha capturado los titulares de prensa. Pero, ¿qué tan completos, consistentes y efectivos son los planes y acciones detrás del discurso? ¿Qué tan lejos puede realmente llegar el Banco con esta agenda, en particular allí donde el Banco mismo ha constituido la causa de la corrupción y de las deudas odiosas e ilegítimas en el pasado?

Al parecer el Banco se apresta a continuar con su enfoque anti-corrupción. En febrero, el Banco Mundial, en cooperación con otros bancos de desarrollo multilateral y el FMI, acordaron la creación de "un marco para prevenir y combatir el fraude y la corrupción". El mismo habría de estar listo para las Reuniones Anuales del Banco/Fondo a celebrarse en septiembre en Singapur. Durante un viaje reciente a Indonesia, el Presidente Wolfowitz presentó una "estrategia a largo plazo" para utilizar los fondos y experiencia del Banco en ayudar a los países en desarrollo a desembarazar a sus gobiernos de la aceptación de sobornos y otras prácticas deshonestas. Un componente fundamental será el despliegue de equipos anti-corrupción en varias oficinas del Banco Mundial a nivel de los países. En las Reuniones de Primavera 2006 del Banco Mundial, Wolfowitz admitió de forma acertada que "por cada individuo que acepta un soborno hay otro que lo está ofreciendo, y a menudo, este proviene de un país desarrollado" y cualquier enfoque de carácter amplio en la corrupción debe analizar la corrupción por parte de las compañías e individuos en el Norte, no solamente en el Sur. En un reciente documento filtrado que obtuvo Eurodad, el Banco afirma estar "subiendo la vara cada vez más alto en materia de gobernabilidad y anti-corrupción". El documento titulado "Raising the Bar on Anti-Corruption: Improving Governance and Accountability, Fostering Development" esboza posibles caminos hacia el futuro para el Banco, incluyendo el fomento a la buena gobernabilidad y responsabilidad y el apoyo a los esfuerzos internacionales tendientes a la repatriación de la riqueza robada.

Sin embargo, la historia presentada hasta el momento se concentra demasiado en la "corrupción de hoy en día" y presta escasa atención a la "corrupción del pasado". Hasta ahora, la estrategia contra la corrupción presentada por los funcionarios deja notablemente de lado cualquier análisis crítico de las prácticas crediticias del Banco para con los países pobres en el pasado. Con el transcurso de los años, el Banco Mundial ha otorgado préstamos y se ha visto involucrado con algunos de los regímenes más tristemente notorios y despreciables del mundo como el de Mobutu Seke Seso de la República Democrática del Congo y Ferdinand Marcos de Filipinas. La documentación del Banco al momento de estas transacciones, o publicada poco tiempo después, confirma que muchos funcionarios del Banco – tanto a nivel de país como en Washington DC – se encontraban perfectamente al tanto de la naturaleza de los regímenes en vigor y que muchos créditos fueron simplemente transferidos a las cuentas bancarias de los dictadores y sus generales. Era evidente entonces que estos no llegaban a los pobres ni promovían el desarrollo económico. A pesar de su naturaleza odiosa e ilegítima la mayoría de estas deudas continúan pagándose hasta el día de hoy, a expensas de la inversión esencial en reducción de la pobreza y desarrollo económico.

¿Cómo puede cualquier enfoque destinado a erradicar la corrupción llegar a ser exitoso o de carácter amplio si no analiza críticamente las prácticas crediticias adoptadas por la institución en el pasado? El Banco debería aprender las lecciones del pasado, aceptar la responsabilidad conjunta por sus errores y acordar la cancelación de aquellas deudas con la institución que derivaran de préstamos donde los funcionarios del Banco se encontraban al tanto de que gran parte del dinero sería desviado por parte de elites corruptas. Wolfowitz manifiesta que el verdadero tema en cuestión consiste en "cómo promover una buena gobernabilidad y responsabilidad". La responsabilidad debe comenzar por casa, al abordarse los errores – y en algunos casos la absoluta negligencia – del pasado.

Una investigación seria sobre las prácticas crediticias pasadas del Banco y el problema de la deuda odiosa e ilegítima será probablemente resistida por Wolfowitz (quien expresó otro tanto durante las Reuniones de Primavera cuando lo desafié sobre este punto). El mismo sostuvo que los gobiernos representados en el Banco no estarían contentos de que él planteara este tema. Sin embargo, Wolfowitz ya ha desafiado a los miembros del Banco en cierta cantidad de temas. Y hemos podido ver al gobierno de Bush admitir que Irak carga con el peso de una deuda odiosa.

Irak es un país con una carga considerable de deuda odiosa e ilegítima, un claro caso de estudio de actividad crediticia con fines geopolíticos, estratégicos e ideológicos más que de cualquier preocupación por el bienestar del conjunto de la población. El gobierno de Estados Unidos reconoció esto en efecto en el año 2003 cuando el Secretario del Tesoro estadounidense John Snow subrayó ante la cadena Fox News que “indudablemente, no debería cargarse al pueblo de Irak con aquellas deudas incurridas por el régimen de un dictador que ya no está”.

Otro país al que Wolfowitz conoce bien es Indonesia, donde desempeñó funciones como Embajador de Estados Unidos en el período 1986-1989 durante la era del General Suharto. Su reciente visita a Yakarta otorgó al Presidente del Banco Mundial una excelente oportunidad de comprometerse a analizar el caso de Indonesia. Una respetada ONG de Indonesia, el Foro Internacional de ONG para el Desarrollo de Indonesia (INFID) sostiene que “es de amplio conocimiento que aproximadamente 30% de los préstamos del Banco Mundial durante el régimen de Suharto fueron corruptos”. Además, estas deudas fueron acumuladas por un régimen autoritario sin que tuviera lugar ninguna consulta a nivel público. Durante muchos años, el Banco Mundial continuó efectuando transacciones con Indonesia. El Banco apoyó y fortaleció el régimen autoritario, dice INFID.

Un informe filtrado del Banco Mundial del año 1997 sostiene estas acusaciones. El informe revelaba que entre un máximo del 20 al 30% de los presupuestos relacionados con fondos para el desarrollo resultaban malversados y los créditos del Banco Mundial se encontraban claramente involucrados. Otros informes internos dan fe del conocimiento del personal acerca del régimen en vigor y del fraude que estaba teniendo lugar. A pesar de existir esta clara conciencia, los préstamos aumentaron. También se registró un aumento en los préstamos otorgados por el Banco Mundial al gobierno de Indonesia durante la ocupación de Timor Oriental.

La deuda externa total de Indonesia es de US$ 134.000 millones. De esta suma, la deuda pública y públicamente garantizada asciende a US$ 80.000 millones. Para pagar esta deuda, el gobierno reservó un 26% del presupuesto estatal para el año 2006. En contraste, solo se destinó un 5% a la educación y 2% a la salud. Los niveles de pobreza son altos y se encuentran en aumento en Indonesia: 50% de la población vive en la pobreza y gana menos de US$ 2 por día. El Banco Mundial es uno de los mayores acreedores del país, reclamando una deuda de aproximadamente US$ 12.000 millones.

Por el contrario, Wofowitz prefirió no aprovechar esta oportunidad para volver a analizar críticamente los préstamos que los Indonesios sostienen que estuvieron implicados en el fraude y la corrupción y que aún así se encuentran obligados a pagar de acuerdo con el sistema actual.

Un accionista del Banco Mundial que está tomando medidas con respecto a esto es Noruega. Es uno de los primeros países nórdicos en abrir el diálogo en materia de deudas odiosas e ilegítimas y en llamar a un enfoque internacional sobre este tema crucial. En primer lugar, Noruega ha solicitado al Banco Mundial que emprenda un estudio sobre la deuda odiosa e ilegítima y ha reservado recursos para respaldar esta investigación (según se informa US$ 20.000). En segundo lugar, el Ministro de Desarrollo noruego, Eric Solheim, se ha comprometido a analizar más detenidamente las deudas ilegítimas reclamadas por Noruega, particularmente aquellas incurridas a través de la Campaña de Exportación Naviera de la década de los ’70.

La debacle implica la exportación de barcos noruegos a países en desarrollo (como Ecuador, Perú y Jamaica) entre 1977 y 1980. El país exportaba estos barcos principalmente para garantizar el empleo a una industria de construcción naval en crisis. En el caso de Ecuador, las autoridades noruegas exigieron garantías estatales para las embarcaciones y cuando, transcurridos cuatro años, la compañía dejó de pagar, el saldo de la deuda fue transferido al estado. Ecuador ha estado pagando el servicio de la deuda durante 16 años y su valor actual es cinco veces mayor al del monto original. El Ministro Solheim ha realizado la muy grata declaración de que no desea continuar adelante con este erróneo y nocivo punto bajo en la política noruega de cooperación para el desarrollo y en el contexto del presupuesto para el año próximo se intentarán tomar medidas unilaterales para cancelar estos reclamos, calificando esta actividad crediticia como irresponsable. Todos los ojos estarán puestos en Noruega en los próximos meses para comprobar si el país habrá en efecto de cancelar estos reclamos y las ONG van a estar incidiendo a favor de un reconocimiento público y claro con respecto a la injusticia e ilegitimidad de estas deudas. Kjetil Abildsnes de la Campaña Noruega para la Deuda manifestó lo siguiente en un reciente comunicado de prensa: “aún queda por verse si Solheim es lo suficientemente fuerte como para declarar ilegítimas a estas deudas. Esperamos recibir una respuesta [pronto]. Noruega podrá entonces convertirse en el primer acreedor del mundo en reconocer parte de la deuda de los países en desarrollo como ilegítima”.

El Banco Mundial – y otros acreedores bilaterales y privados – deberían seguir el ejemplo de Noruega y echar una mirada crítica sobre el pasado. El Banco en particular no cuenta con ninguna excusa: Noruega ha reservado recursos para apoyar la investigación sobre este tema y parecería ajustarse lógica y perfectamente a la temática anti-corrupción que Wolfowitz está tan interesado en llevar adelante. En efecto, Wolfowitz debe reconocer que cualquier enfoque de carácter amplio en materia de corrupción debe implicar necesariamente una crítica abierta y franca de las prácticas crediticias del Banco en el pasado, que conduzca a la cancelación de aquellas deudas que se comprueben como odiosas e ilegítimas.

La cancelación de las deudas odiosas e ilegítimas cuenta con el poder de transformar las vidas de las personas pobres del mundo así como de impulsar la reforma de una arquitectura financiera internacional inclinada a favor de los acreedores. Países en desarrollo tales como la República Democrática del Congo, Filipinas, Indonesia y otros continúan pagando el servicio de deudas de origen altamente cuestionable cuando ya se han reconocido claramente los beneficios de la cancelación de la deuda.

Wolfowitz y los Directores Ejecutivos del Banco Mundial deben colocar firmemente este tema en la agenda del Directorio del Banco. Las ONG continúan presionando al Banco para que lo haga y esperamos que Noruega llegue a hacer lo mismo, en particular debido a que el Ministro Solheim ha expresado que “no puede quedar ninguna duda con respecto a que Noruega desea colocarse al frente en este tema”. Mientras tanto, Wolfowitz debería dejar de calificar a su enfoque en el problema de la corrupción como de carácter amplio. No lo es.

No es una cuestión de quedar “anclados en el pasado”: el servicio de la deuda derivado de préstamos ilegítimos está produciendo un impacto sobre las personas pobres en la actualidad. Es necesario tomar medidas urgentes a nivel internacional. Los recursos que el gobierno noruego ha comprometido con el Banco Mundial y la ONU para apoyar una mayor investigación no deberían descansar ociosamente en las arcas del tesoro noruego o del Banco Mundial sino que deberían ponerse al servicio del desarrollo de un consenso internacional – en asociación con los accionistas pertinentes – sobre cómo abordar el tema de la deuda odiosa e ilegítima.

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