Fuente:
Eurodad
Sábado 01/07/2006
A un año de la cumbre del G8 en Gleneagles, ¿qué se ha cumplido en materia de deuda? y ¿qué ha quedado en el papel?. El informe apunta que el 1º de julio de 2006, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo habrán de comenzar a aplicar la cancelación de deuda para 19 países empobrecidos. El FMI otorgó su parte de la cancelación de deuda seis meses antes. Si bien los activistas consideraron al acuerdo como demasiado restringido, durante el resto del 2005 se pudo ver a gobiernos de países ricos y al Banco Mundial que continuaban riñendo acerca de los detalles.
A un año de la cumbre del G8 en Gleneagles, ¿qué se ha cumplido en materia de deuda? y ¿qué ha quedado en el papel? Eurodad analiza en profundidad el acuerdo sobre la cancelación de deuda del G8, rebautizado ahora como Iniciativa Multilateral de Alivio de la Deuda (MDRI, por sus siglas en inglés). El informe apunta que el 1º de julio de 2006, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo habrán de comenzar a aplicar la cancelación de deuda para 19 países empobrecidos, 15 de ellos del África Sub-Sahariana. Esto sucede un año entero después del anuncio definitivo del plan, año durante el cual estos países continuaron efectuando pagos por el servicio de la deuda a estas instituciones. El FMI otorgó su parte de la cancelación de deuda (US$ 3.300 millones) seis meses antes: el 6 de enero de 2006. Otros dos países también lograron beneficiarse con la cancelación de deuda del FMI: Camboya y Tayikistán. El acuerdo sobre la deuda implica que cada año, en el transcurso de los próximos diez años, estos 19 países ahorren alrededor de US$ 1.100 millones en pagos por el servicio de la deuda: dinero que en cambio podrá utilizarse para la inversión en salud, educación e infraestructura. Pero, ¿entienden acaso los activistas de las campañas contra la deuda que este acuerdo llegó lo suficientemente lejos? ¿Cubrió el acuerdo al 100% de los países y al 100% de las deudas?
El documento informa que si bien los activistas de la campaña consideraron al acuerdo presentado por los Ministros de Finanzas del G8 como demasiado restringido (no cubriendo ni al 100% de los países ni tampoco al 100% de las deudas) durante el resto del 2005 se pudo ver a gobiernos de países ricos y al Banco Mundial que continuaban riñendo acerca de los detalles. Estas disputas amenazaron seriamente con descarrilar y retrasar la implementación del acuerdo. Las mismas condujeron finalmente a la exclusión temporal de Mauritania del acuerdo y a una restricción de las deudas del Banco Mundial incluidas en el plan. En términos monetarios, esto significa que US$ 5 mil millones adeudados al Banco Mundial continuarán figurando en los libros de cuentas de los países beneficiarios. NINGÚN país habrá de recibir la totalidad de cancelación de deuda del 100% exigida.
En África, el panorama aparece mezclado: en materia de porcentajes, Uganda contará con la mayor proporción de su deuda cancelada con el 79%. A este le siguen Ghana con un 76%, y Tanzania y Zambia (ambos con el 74%). Los dos países del África Sub-Sahariana que habrán de recibir el menor porcentaje de reducción son Malí con el 56% y Mozambique con el 48%, principalmente debido a que estos dos países mantienen deudas con otros acreedores aparte del FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo. En América Latina, el panorama es aún más tenebroso. En promedio, las 4 países HIPC latinoamericanos obtendrán la cancelación de menos de la tercera parte de sus deudas gracias a la exclusión del Banco Interamericano de Desarrollo, uno de los acreedores más importantes en América Latina. Guyana se halla languideciendo en el fondo. Sólo obtendrá la cancelación del 21% de su deuda, Nicaragua solo la del 23%, Honduras del 28% y Bolivia del 31%. Además, las ganancias financieras netas generadas por la MDRI para los países individuales, dependerán de la calidad de las políticas e instituciones del país, según lo determinado por las IFI.
¿Qué rumbo han de tomar ahora los activistas? El documento afirma que si bien algunos gobiernos pueden verse tentados a sostener que “el tema de la deuda ya está terminado” gracias a Gleneagles, existen muchos países más que necesitan una cancelación urgente de la deuda. En total, los países de bajo ingreso se encuentran endeudados por la suma de US$ 380 mil millones y los países de mediano ingreso por la suma de US$ 1,66 billones. Si se lo observa en este contexto, el “gran avance histórico” de US$ 40 mil millones según Gordon Brown aparece como un logro de alguna forma más modesto. Sin embargo, resulta significativo que gracias a la presión ejercida en forma consistente por los activistas de la campaña, esta cancelación habrá de otorgarse libre de condicionalidades por parte del Banco Mundial y el FMI. Al alcanzar el punto de culminación, los países recibirán una carta de estas instituciones, informándoles que ya no tendrán que efectuar pagos por el servicio de la deuda sobre préstamos elegibles. Esto significa que los gobiernos podrán decidir cómo y en qué gastar el dinero que ahorran (lo cual en cambio fomenta la responsabilidad de rendir cuentas de arriba hacia abajo) y no se encontrarán sujetos a la supervisión constante de Washington DC en cuanto a su desempeño en materia de política económica para obtener este alivio.
La ausencia de una supervisión constante desde el exterior representa un marcado distanciamiento de la HIPC dado que uno de los fundamentos centrales de la iniciativa consiste en que los países se mantengan “encarrilados” con los programas de reforma respaldados por las IFI a modo de poder beneficiarse con el alivio de la deuda. Se ha sentado otro precedente importante con la incorporación de Camboya y Tayikistán para la cancelación de deuda únicamente del FMI. Si se pueden incluir países no participantes en la iniciativa HIPC en la lista de cancelación de deuda multilateral, entonces ¿por qué no incorporar otros países en el futuro?
A pesar de estos modestos logros, sería peligroso llegar a subestimar cuánto queda aún por hacerse en materia de deuda. Para muchos grupos de la campaña contra la deuda en el Sur Global, resulta sumamente importante el hecho de que el alborozado anuncio realizado hace un año atrás omitió cualquier reconocimiento por parte de los acreedores del papel fundamental que desempeñaron en la acumulación de una carga de deuda ilegítima e insostenible en el Sur. Los gobiernos del Norte, así como las instituciones financieras internacionales que estos controlan, otorgaron en el pasado grandes préstamos en efectivo a algunos de los dictadores más conocidos y despreciados del planeta como ser Mobutu en Zaire, Abacha en Nigeria, Marcos en Filipinas, Suharto en Indonesia y Hussein en Irak. Estos préstamos fueron otorgados a los mencionados dictadores con fines estratégicos y geopolíticos y en pleno conocimiento de la naturaleza de los regímenes que imperaban en dicha época. Aún así, son los gobiernos que los han sucedido y su gente los que deben cargar con estas pesadas deudas “odiosas”. De esta forma, mientras los contribuyentes en el Norte pueden preguntar legítimamente si es que los recursos otorgados como ayuda y los fondos liberados a través de la cancelación de la deuda habrán de destinarse o no a los pobres, resulta igualmente legítimo que los contribuyentes en el Sur se pregunten por qué habrían de tener que desembolsar los escasos fondos públicos existentes para el pago de préstamos de los cuales nunca se beneficiaron. Los activistas de campañas contra la deuda de todo el mundo se encuentran unidos en el llamado urgente a concentrar la atención en el tema crítico de la deuda ilegítima. Estas deudas deben ser canceladas y los principios de responsabilidad conjunta de los acreedores deben quedar comprendidos dentro de la arquitectura financiera mundial. Los activistas de las campañas continuarán sosteniendo que hasta tanto deudores y acreedores no cuenten con el mismo derecho a decidir en lo que refiere al diseño de soluciones que apunten a evitar y resolver las crisis de deuda soberana, no será posible hallar una solución a largo plazo para la crisis de la deuda a nivel global.
Ver informe completo (texto en inglés - formato pdf)
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