Fuente:
Monitor de IFIs en América Latina
Lunes 29/01/2007
La llegada de Rafael Correa a la presidencia, el 15 de enero de 2007, marca un cambio importante en la perspectiva con la que Ecuador manejaba hasta el momento su relación con las Instituciones Financieras Internacionales, y en especial con el FMI. El presidente Correa parece dispuesto a reformular la relación de Ecuador con los organismos multilaterales con el aval de la futura Asamblea Constituyente.
Su figura se posicionó desde el comienzo como contraria a la política del FMI. Como ministro de Economía del presidente Alfredo Palacios, resistió hasta la renuncia a las presiones del Fondo y a los intereses económicos locales en la pugna por la renta petrolera.
Su trabajo durante la campaña electoral y la desginación de su gabinete ministerial también se corresponden con su discurso de marcada oposición a la política neoliberal que predominó en el país durante más de dos décadas, y que provocó la exclusión de gran parte de la población del sistema de distribución de la renta nacional.
Al asumir el cargo, luego de una segunda ronda electoral en la que obtuvo el 56 por ciento de los votos, Correa cuenta con el apoyo de gran parte de la clase media y de la comunidad indígena ecuatoriana. Esta última, le entregó el poder en un acto de gran contenido símbolico en presencia de los presidentes de Venezuela, Hugo Chavez y de Bolivia, Evo Morales.
Correa, la deuda externa y la relación con el FMI
Una de las promesas de campaña que más repercusiones tuvo fue la de estudiar el tema de la deuda externa, llegando hasta manejar la posibilidad de renegociar la deuda al estilo argentino.
En cuanto al FMI, Correa crítico cada vez que tuvo oportunidad la participación del organismo en la economía del país.
En este sentido, una semana antes de asumir el cargo, Ricardo Patiño, ministro de Economía y Finanzas, señaló, tras mantener una reunión con representantes del Fondo, que Ecuador pagará los 33 millones de dólares que adeuda al organismo multilateral y que no requerirá más de su financiamiento.
Este anuncio sigue la tendencia de desendeudamiento y de pérdida de influencia del organismo que predomina en América Latina (y en el mundo). En este caso, el monto a cancelar con el FMI no resulta significativo en comparación de los 15 mil millones de dólares que canceló Brasil o los 9 mil millones de Argentina, aunque sí tiene importancia política y simbólica el hecho de "quitarse al FMI de encima".
Tal como sucedió en los casos anteriores, los analistas locales consideran conveniente la medida, siempre y cuando signifique un posterior manejo responsable de la política fiscal. Según el economista Ramiro Crespo, esta decisión no tiene porque repercutir en la relación que Ecuador mantiene con los otros organismos multilaterales de crédito, como es el caso del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo.
Sin embargo, el presidente Correa parece dispuesto a reformular la relación de Ecuador con los organismos multilaterales con el aval de la futura Asamblea Constituyente. Para lograr su objetivo necesita de cambios en el sistema político, un poder ejecutivo fuerte, apoyo popular y del resto de los países de la región.
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