Fuente:
Center of Concern
Aldo Caliari
Lun 19 Mar 2007
El establecimiento de un "nuevo procedimiento" para llevar a cabo la vigilancia multilateral constituyó un pilar fundamental de la Estrategia de Mediano Plazo promovida por el Director Gerente de la institución, Rodrigo de Rato. Transcurrido casi un año desde la aprobación de las "consultas multilaterales" por parte del Comité Financiero y Monetario Internacional (el comité del Directorio del FMI a cargo de la formulación de políticas), las afirmaciones con respecto a que dichas consultas habrían de rescatar al Fondo de la irrelevancia suenan menos convincentes.
El Fondo Monetario Internacional fue fundado para cumplir con dos misiones principales: suministrar financiamiento para problemas de balanza de pagos a corto plazo y mantener un sistema de tipos de cambio estables (en el sistema de Bretton Woods, estos eran los tipos de cambio fijos).
Con respecto a la primera misión, el escaso uso de los servicios del Fondo se tornó cada vez más evidente en el transcurso de los últimos años. La desaparición de la Línea de Crédito Contingente y la casi desaparición del Servicio de Financiamiento Compensatorio dan cuenta de ello. No es ningún secreto que esta primera misión se volvió en gran medida irrelevante frente al flujo de pagos anticipados registrado el año pasado. En efecto, la cancelación anticipada de pagos se hizo posible al registrarse sustanciales superávit de cuenta corriente en grandes prestatarios y un acceso favorable a fuentes alternativas de financiamiento en el mercado internacional de capital. Sin embargo, inmediatamente después de efectuados dichos pagos anticipados el FMI pasó a encontrarse en la paradójica situación de estar preocupado acerca de cómo lograr cubrir su propio presupuesto.
La segunda misión principal, en esencia, se perdió luego de la caída del sistema de paridades de Bretton Woods, aunque se ha mantenido de alguna forma como justificación para realizar una vigilancia sostenida de los países miembros. La profundización de los desequilibrios globales, en cuyo centro se halla el déficit comercial de Estados Unidos y el superávit comercial de China, ha aumentado las posibilidades de un descalabro súbito en los tipos de cambio. Por consiguiente, el papel del FMI como guardián de la estabilidad cambiaria se encuentra bastante en duda.
En este contexto, no es casualidad que el Fondo subraye este aspecto en su Estrategia de Mediano Plazo. Esta Estrategia, el intento de Rato por otorgarle un nuevo rumbo a la institución "frente a la transformación económica planteada por la globalización en el siglo XXI", le otorga prioridad absoluta a lo que denominó "procedimiento de consulta multilateral". Este procedimiento permite al Fondo tratar temas "colectivamente con miembros sistemáticamente importantes". Las consultas fueron presentadas como una forma de abordar los encadenamientos y desbordes de la situación macroeconómica de países tan sistemáticamente importantes en el mundo. Poco tiempo después, el Fondo anunció que el primer asunto a ser consultado se referiría a las causas de los desequilibrios globales, sus efectos de derrame y cómo fomentar su recomposición disciplinadamente. Este bloque de consultas incluyó inicialmente a China, Estados Unidos, el área del Euro, Japón y Arabia Saudita.
La "nueva" función avalada por el CMFI ha provocado diferentes reacciones. El grupo de los optimistas consideró el aval otorgado por el CMFI como una razón para dar la bienvenida a una nueva era en la que las facultades del Fondo para abordar los desequilibrios globales se habían visto fortalecidas. Algunos incluso vieron un renacimiento del multilateralismo en el enfoque adoptado frente a la resolución de problemas en materia de coordinación cambiaria.
El grupo de los escépticos consideró que había razones para pensar exactamente lo contrario. Llamaron la atención sobre el hecho de que el FMI había contado largo tiempo con la función de examinar los efectos de derrame de las políticas cambiarias en otros países miembros y, de hecho, la había utilizado. La sección de consultas del Artículo IV que abordaba los efectos de derrame constituía típicamente un asunto a ser discutido por el Directorio en pleno, junto con el resto de los informes referentes a la consulta del Artículo IV. Son pocas las diferencias entre este proceso – ya existente y en aplicación – y las "consultas multilaterales" que vienen siendo aclamadas como un pilar fundamental de la Estrategia de Mediano Plazo del Fondo. Y si esta herramienta había estado disponible y no había provocado con anterioridad ningún impacto visible sobre los desequilibrios globales, ¿por qué habría de esperarse que lograra ese objetivo ahora?
En este contexto, se podría realizar una interpretación diferente y más perturbadora del discurso del CMFI. En efecto, este discurso no podría considerarse como una expresión de renovada conciencia por parte de los países miembros del FMI acerca de los peligros planteados por la falta de coordinación en materia de tipos de cambio. Por el contrario, el discurso podría interpretarse como una clara falta de voluntad por parte de los miembros del Fondo de fortalecer a la institución o dotarla de las herramientas adecuadas para realizar un trabajo que, formalmente, se consideraba necesario. Vista desde esta nueva perspectiva, la resolución del CMFI representó simplemente un intento por adornar con una especie de fe fortalecida en las soluciones multilaterales lo que constituía una desconfianza permanente y cada vez más profunda hacia la institución. Esto resultó aún más perturbador ya que confirmó las sospechas de que la desconfianza partía incluso de los miembros más poderosos del FMI. También resultó perturbador porque se dió en un contexto en el que la magnitud catastrófica de la amenaza no pasó desapercibida para nadie.
Un año después, la evidencia cae del lado del grupo de los escépticos. A medida que las consultas multilaterales sobre los desequilibrios globales llegan a su fin, las últimas declaraciones del Director Gerente del FMI parecen sugerir que todo lo que puede esperarse como resultado habrá de ser un "ejercicio informal de inventario". Mientras tanto, el problema no ha registrado casi ningún avance. El déficit de Estados Unidos con China se estimó que ascendía a la asombrosa suma de US$214.000 millones el mes de noviembre pasado. El renmimbi chino se revaluó en un 6 por ciento en el transcurso de año y medio desde que el gobierno chino decidió dejarlo revaluar (una decisión tomada con anterioridad al inicio de estas consultas multilaterales). Uno quedaría excusado por pensar que no hay indicios de acción por parte del FMI en semejante cambio...
Este escenario difícilmente pueda respaldar las afirmaciones del grupo optimista. Discretamente envuelta en el lenguaje burocrático del último informe del Director Gerente, la muerte silenciosa de las consultas multilaterales bien podría llegar a significar el fracaso del último intento del FMI por recuperar su relevancia perdida.
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