Fuente:
Red del Tecer Mundo
Martin Khor
Lunes 04/06/2007
En un mundo desigual, ¿cómo podemos lograr una mayor participación de los países en desarrollo y reformar el orden económico mundial? Este fue el tema de la Mesa Redonda organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Malasia, que tuvo lugar recientemente en Kuala Lumpur sobre la Gobernanza Mundial. La mesa reunió a expertos y representantes de unos diez gobiernos y ONGs que discutieron sobre la globalización, el régimen comercial y el sistema financiero internacional, el fortalecimiento del papel de la ONU y estrategias nacionales de desarrollo.
En un mundo desigual, ¿cómo podemos lograr una mayor participación de los países en desarrollo y reformar el orden económico mundial? Este fue el tema de la Mesa Redonda que tuvo lugar recientemente en Kuala Lumpur sobre la Gobernanza Mundial, realizada como parte del Proceso de Helsinki, una iniciativa encabezada por Finlandia y Tanzania para salvar la brecha entre el Norte y el Sur.
La mesa redonda, organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Malasia, reunió a ochenta expertos y representantes de unos diez gobiernos y ONGs que discutieron sobre la globalización, el régimen comercial y el sistema financiero internacionales, el fortalecimiento del papel de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y estrategias nacionales de desarrollo.
El canciller malasio Datuk Seri Syed Hamid Albar dio inicio a la discusión al decir que las injusticias económicas mundiales se agravaron con la globalización y los cambios tecnológicos. En algunas áreas, en especial las finanzas, faltan normas (lo que provoca flujos descontrolados de capital e inestabilidad financiera), mientras que en otras (como el comercio) hay normas pero están con frecuencia sesgadas hacia los intereses de los países ricos, señaló.
El canciller malasio instó a reformar las instituciones mundiales para permitir que los países en desarrollo tengan más peso en las decisiones, como también a fortalecer el sistema de la ONU haciendo que su forma de gobierno sea más justa y equilibrada y que la organización tenga mayor autoridad en asuntos económicos y sociales.
Su homólogo de Tanzania, Bernard Membe, reclamó cambios coordinados, incluso una reforma del sistema económico mundial y el fortalecimiento de instituciones de gobierno, a nivel nacional y e internacional, para corregir desequilibrios mundiales insostenibles.
Las dimensiones de la gobernanza mundial incluyen el proceso de toma de decisiones y la naturaleza y los efectos de las normas y prácticas multilaterales, subrayó Yilmaz Akyuz, ex economista jefe de la UNCTAD. El orden mundial actual se caracteriza por asimetrías y desequilibrios que benefician principalmente a los países industrializados. Por ejemplo, se protegen áreas de interés para el Norte como la agricultura, el movimiento de mano de obra y la transferencia de tecnología, mientras se pide al Sur que se liberalice en materia de bienes industriales, flujos de capital e inversión extranjera directa, señaló.
Los actuales acuerdos de globalización impiden que los gobiernos regulen los mercados financieros, en tanto las normas comerciales internacionales y las condiciones crediticias de las instituciones financieras internacionales restringen el espacio político de los países en desarrollo. Sin embargo, éstos conservan aún distintos grados de autonomía política.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han alcanzado su mínimo histórico de credibilidad e importancia, por lo tanto sus mandatos deben ser reformados, exhortó Akyuz. El FMI debe concentrarse en asegurar la estabilidad financiera mundial y dejar las políticas comerciales y de desarrollo en manos de otras instituciones. Por su parte, el Banco Mundial debe transformarse en un auténtico banco de desarrollo y no involucrarse en el “ajuste estructural” de los países del Sur, sino en créditos para proyectos.
En cuanto al régimen comercial, el experto internacional Bhagirath Lal Das dijo que el sistema multilateral de comercio ofreció a los países en desarrollo cierta seguridad contra las acciones unilaterales de países más fuertes. Sin embargo, existen desequilibrios en las normas, el funcionamiento y el sistema de toma de decisiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que actúan en contra de los países en desarrollo.
El acuerdo sobre la agricultura permite el mantenimiento de enormes subsidios en los países industrializados, mientras que exige a los países en desarrollo que restrinjan sus subsidios y reduzcan sus aranceles significativamente. Y estos últimos también se enfrentan a estrategias proteccionistas, como las medidas antidumping y las barreras no arancelarias.
El subsecretario general de la Commonwealth, Ransford Smith, destacó que la OMC debe dejar de concentrarse en la liberalización y transformarse en una organización orientada al desarrollo.
En la discusión, los participantes señalaron que si la actual Ronda de Doha de negociaciones de la OMC estuviera orientada al desarrollo, su conclusión beneficiaría a los países del Sur. Sin embargo, muchos de ellos opinaron que las propuestas carecían de un contenido de desarrollo y descuidaban intereses específicos de los países del Sur, como el fortalecimiento del trato especial y diferenciado.
La mesa redonda también discutió asuntos relacionados con la propiedad intelectual. Gurdial Singh Nijar, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Malaya, observó que los países deberían poder decidir entre las condiciones de monopolio otorgadas a los propietarios de patentes y el interés público. Pero si la propiedad intelectual se incorpora a los asuntos regulados por la OMC, el espacio político de los países en desarrollo se verá limitado, dado que éstos deberán adoptar normas más estrictas que inclinarán la balanza a favor de los propietarios de patentes, en perjuicio del desarrollo social y económico.
La presidenta del Banco Central de Malasia, Tan Sri Zeti Akhtar Aziz, que habló sobre la arquitectura financiera mundial, señaló nuevos problemas como los flujos transfronterizos de capital no controlados, nuevos instrumentos financieros como los productos derivados, que representan un riesgo para las finanzas internacionales, y la creciente interdependencia entre los países, que aumenta el riesgo de contagio.
Es necesaria una reforma de la arquitectura financiera que se ocupe de estos nuevos problemas, instó Aziz. A nivel internacional no se ha avanzado mucho en esa reforma, pero hay más cooperación regional en Asia gracias a la incorporación de un mecanismo de vigilancia, un sistema macroadministrativo, un marco de manejo y resolución de crisis, e iniciativas de desarrollo de capacidad. En ausencia de un marco normativo mundial, los países en desarrollo deben procurar la cooperación financiera regional. Al mismo tiempo, deben cooperar para tratar de reformar el sistema financiero internacional.
Sobre el fortalecimiento de la ONU, el embajador pakistaní Munir Akram, presidente del Grupo de los 77, dijo que el foro mundial realizó importantes contribuciones al desarrollo mediante la elaboración de normas en las áreas económica, social y humanitaria. Las grandes potencias la han marginado, pero el actual declive del FMI y el Banco Mundial ofrece la oportunidad de fortalecer su papel económico. La ONU está en una buena posición para coordinar el gobierno económico mundial y darle coherencia, destacó Akram.
Martin Khor es director de Third World Network (TWN).
Este artículo fue publicado el 31 de mayo de 2007 en Agenda Global, un suplemento semanal que circula los jueves con el periódico La Diaria de Montevideo, Uruguay.
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