Robert Zoellick y el Banco Mundial: poner al zorro a cargo del gallinero
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Fuente: Jubilee Research
Lun 18 Jun 2007

El 15 de junio venció el plazo para presentar candidatos a la presidencia del Banco Mundial pero, como era de esperar, hay un solo nombre sobre la mesa. Robert Zoellick, al parecer, podría tener la oportunidad excepcional de hacer caer no solo una sino dos instituciones internacionales. Como Representante Comercial de Estados Unidos ya desempeñó un papel fundamental en lo referente a deslegitimar a la OMC, realizando un gran aporte para que las negociaciones se detuvieran por completo. El gobierno de Bush parece estar ahora decidido a darle la oportunidad de que haga lo mismo con el Banco Mundial.

por David Woodward, nef (new economics foundation) y Aileen Kwa, co-autor de "Tras las bambalinas de la OMC"(1)

Sin embargo, después de haberse quemado las manos con todo lo referente al caso Wolfowitz, el Directorio Ejecutivo del Banco debería pensar largo y tendido antes de apoyar a George Bush y dejar que se salga nuevamente con la suya.

Hace 63 años, en la Conferencia de Bretton Woods, el gobierno estadounidense se aseguró el privilegio de nombrar a dedo al Presidente del Banco Mundial sin que los miembros restantes presentaran oposición alguna; desde ese entonces, esos otros miembros han permanecido como espectadores pasivos y le han permitido continuar esa "tradición" anacrónica y antidemocrática. Hace dos años, el Presidente Bush abusó de este privilegio al imponer en el Banco a su profundamente impopular Subsecretario de Defensa y principal arquitecto de la invasión estadounidense a Irak.

Ahora, Paul Wolfowitz se ha visto obligado a renunciar tras caer en desgracia en medio de un tumulto de acusaciones de abuso de poder (de las cuales el flagrante conflicto de intereses en el caso Shaha Riza constituye tan solo la punta del iceberg(2)), al son de un coro de voces provenientes de todas partes del mundo: ¡SE LOS DIJIMOS! Pero el mismísimo responsable de este fiasco – George Bush – planea ahora hacer exactamente lo mismo para imponer a Robert Zoellick en un mundo que indudablemente está reacio a aceptarlo.

Como Representante Comercial de Estados Unidos en el período comprendido desde 2001 hasta 2005, Zoellick se destacó entre los delegados ante la OMC por querer imponer su peso – y el del gobierno de Bush – en las negociaciones, y esperar que los países en desarrollo estuvieran de acuerdo y aceptaran lo que fuera que Estados Unidos exigiera. No obstante, al tiempo que muchos ministros de países en desarrollo sucumbieron a las amenazas y a los repartos de beneficios de su enfoque preferido del "palo o la zanahoria" en ese entonces, esto no logró aportarle ni confianza ni afecto, y finalmente le salió el tiro por la culata.

Zoellick fue fundamental para producir el lanzamiento de la Ronda de Doha de la OMC en el año 2001. Esto constituyó una hazaña considerable dada la amplia oposición del mundo en desarrollo que había precipitado el famoso colapso de la Reunión Ministerial de la OMC celebrada en Seattle en 1999 – y eso que la OMC es al menos conceptualmente una institución del tipo "un miembro un voto" sobre la base de una toma de decisiones consensuada y una gran mayoría de sus miembros son países en desarrollo. Aún con el poder del patronazgo y las sanciones de Estados Unidos a sus espaldas (y una determinación bastante implacable de explotarlo para lograr sus propósitos), esto representa un obstáculo formidable. Entonces, ¿cómo hizo Zoellick para lograrlo?

Gran parte de la respuesta está en el 11/9. Apenas 11 días después del atentado contra las torres gemelas, el 20 de septiembre de 2001, Zoellick publicó oportunamente un artículo en el Washington Post, estableciendo lo que podría describirse mejor como un nexo débil entre la necesidad de luchar contra el terrorismo y la necesidad de recurrir al libre comercio. El adversario, dijo, "reconoce que el poderío y el talento [sic] de Estados Unidos emana de nuestra vitalidad política, militar y económica. Nuestra contraofensiva debe promover el liderazgo estadounidense en todos esos frentes". Luego, continuó afirmando que "el liderazgo comercial de Estados Unidos puede formar una coalición de países que abracen la libertad en todos sus aspectos. Los mercados abiertos son fundamentales para los países en desarrollo...para superar la pobreza y crear oportunidades".

De repente, la agenda de Estados Unidos en la OMC (la cual efectivamente guardaba poca semejanza con el libre comercio, al menos en que lo refería a sus propias políticas) pasó a formar parte de la "Guerra contra el Terrorismo" – y la máxima del Presidente Bush de que "el que no está con nosotros está contra nosotros"” adoptó una dimensión completamente nueva para los gobiernos de los países en desarrollo y delegados en las negociaciones de la OMC.

La insinuación poco menos que sutil de Zoellick no pasó desapercibida para los gobiernos de países en desarrollo. Ya en noviembre de 2001 cuando comenzó a desarrollarse la Reunión Ministerial de Doha, muchos temían que, de no manifestarse de acuerdo con el lanzamiento de estas conversaciones, podrían estar exponiéndose a que los consideraran "del lado de los terroristas". El "libre" comercio – o al menos un resultado concluyente de las negociaciones en la OMC – se convirtió en la señal de alerta para la lucha contra el terrorismo. Y en caso de que cualquier delegado pasara esto por alto, pronto habría de realizarse una llamada a la capital de dicho país, acompañada sin duda por un recordatorio de lo dependiente que era el mismo de la ayuda, el comercio, la inversión y/o el alivio de deuda estadounidense, y lo que habría de sucederle a su economía si esto de alguna forma se cortaba.

En una entrevista para el libro, Tras las bambalinas de la OMC(3), un delegado africano relató su propia reunión con Zoellick en Doha:

Para nuestra reunión bilateral con Estados Unidos, nos citaron en la Suite Presidencial. Zoellick nos recordó que ya había efectuado llamados telefónicos a la capital, que había hablado con nuestro Jefe de Estado, y que ya se habían garantizado todos los esfuerzos para ayudar a combatir el terrorismo, incluyendo el lanzamiento de una nueva Ronda [de negociaciones en la OMC].

Cuando los Embajadores en efecto decidían hacer frente a Estados Unidos, no resultaba para nada extraordinario que dicha presión sobre las capitales se extendiera a "persuadir" a los gobiernos para que los reemplazaran; una táctica que resultó exitosa en varios casos. De acuerdo con lo manifestado por un delegado de América Central poco después de la reunión en Doha:

Durante los preparativos para la Conferencia [Ministerial de la OMC] en Qatar, la presión sobre las capitales se vio incrementada, solicitándose esta vez el retiro de muchos de los Embajadores en Ginebra que defendían los intereses de sus países y se oponían al lanzamiento de una nueva ronda. La verdad es que el lanzamiento de esta nueva ronda nunca habría tenido lugar de no haber sido por la falta de transparencia e interferencia de parte de la Secretaría de la OMC, y las presiones políticas utilizadas por los países desarrollados – principalmente Estados Unidos y la Unión Europea.

Después de Qatar, las presiones se mantienen y el objetivo de los países desarrollados es ahora socavar cualquier posibilidad de que los países en desarrollo presenten propuestas y participen efectivamente en las negociaciones. Están intentando destruir al Grupo de Países Afines [un grupo de países en desarrollo que impulsan una reforma en materia de procesos dentro de la OMC] el cual – como coalición – pretende alcanzar un equilibrio en el trabajo de la OMC.

La presión para que se produzcan cambios de posición y se retiren Embajadores es permanente, y no tiene una lógica aparente más allá de los argumentos de que las delegaciones en Ginebra actúan como enemigas del sistema multilateral, de los países desarrollados, y aún de la paz mundial. Resulta en efecto increíble que en el siglo XXI, y en el contexto de una organización en la que supuestamente todos son iguales, se continúen utilizando este tipo de argumentos.


Con la ayuda de estas tácticas, Robert Zoellick se salió en su momento con la suya en Doha. También logró destruir al Grupo reformista de Países Afines – habiendo apuntado particularmente a sus Embajadores y logrando con éxito destituir a varios.

En una entrevista citada (anónimamente, por razones obvias) en Tras las bambalinas de la OMC (p151), una de las víctimas recordaba lo siguiente:

Yo no fui la única persona destituida como resultado de la presión ejercida por Estados Unidos sobre las autoridades de mi país. Inmediatamente después de Doha [el Embajador A] no tuvo siquiera tiempo de deshacer sus valijas... [El Embajador B] ni siquiera llegó a Doha, y aproximadamente un mes después se quedó sin trabajo... [El Embajador C] tuvo que viajar a Doha acompañado por su reemplazante... [El Embajador D] fue destituido y enviado de vuelta a su continente de origen... [Al Embajador E] casi lo despidieron estando en Doha…De puro milagro, pudo sobrevivir unos pocos meses más en Ginebra...

Pero la victoria de Zoellick demostró ser efímera. Previo a la Reunión Ministerial celebrada en Cancún en septiembre de 2003, Estados Unidos y la Unión Europea cocinaron un paquete en materia de comercio agrícola que solo podría ser calificado de hipócrita – estando diseñado específicamente para proteger a sus propios mercados agrícolas mientras se buscaba la apertura de todos los demás. Esto resultó ser un paso demasiado lejos. De hecho, logró catalizar un grado mucho mayor de solidaridad entre los países en desarrollo, incluyendo la conformación de una agrupación "G20" con mucha determinación. En consecuencia, y al igual que en Seattle, no se llegó a ningún acuerdo.

Zoellick – un hombre conocido por su mal carácter – quedó evidentemente perplejo, y reaccionó como era de esperarse: echándole la culpa y amenazando a los que se habían negado a someterse a la intensa presión de Estados Unidos. Luego de haber fracasado las conversaciones, en la conferencia de prensa final en Cancún, señaló con el dedo a los países en desarrollo que "no harán nada":

Fueron muchos los que perdieron demasiado tiempo pontificando, en lugar de negociando. Ya fueran países desarrollados o en desarrollo, hubo aquí países "puedo hacer" y países“no haré nada”.El áspero discurso de los países "no haré nada" ahogó los esfuerzos concertados de los "puedo hacer"... Las exigencias y los discursos fuertes son fáciles; las negociaciones requieren compromisos y trabajo duro. Y algunos países tendrán que decidir ahora si lo que desean es llamar la atención sobre algo o por el contrario avanzar... Muchos pierden demasiado tiempo con tácticas de inflexibilidad y una retórica incendiaria antes de sentarse a negociar.(4)

Luego pasó a realizar una amenaza pública y escasamente velada con respecto a que los países en desarrollo cuyos gobiernos continuaran resistiendo las exigencias de Estados Unidos en la OMC serían perjudicados en la estrategia comercial bilateral del gobierno estadounidense. De acuerdo con un informe de Associated Press de ese entonces:

"La estrategia comercial de Estados Unidos", continuó amenazando [Zoellick], "incluye avances en múltiples frentes. Tenemos acuerdos de libre comercio con seis países en la actualidad. Y estamos negociando acuerdos de libre comercio con otros 14".

"Algunos países pensaron que [la Conferencia Ministerial de Cancún] se trataba simplemente de una muestra gratis; podían sugerir cualquier planteo que se les ocurriera, discutir, sin dar ni ofrecer nada", dijo. "Y ahora se van a tener que enfrentar a la cruel realidad de esa estrategia cuando lleguen a su casa con las manos vacías".(5)


Pero, ¿qué tan fuerte es realmente el compromiso de Zoellick con el libre comercio? Casi inexistente, al parecer – al menos cuando se trata de Estados Unidos. En febrero de 2002, pocos meses después de firmada la Declaración de Doha y ante la gran consternación de la comunidad internacional, Zoellick parece no haber reparado en la imposición de tarifas adicionales sobre las importaciones de acero con la finalidad de proteger a la industria siderúrgica estadounidense. Tampoco hizo nada por combatir los subsidios adicionales por un monto de US$73.500 millones que fueron suministrados a los productores agrícolas estadounidenses mediante la Ley Agrícola de mayo de 2002 tan solo tres meses después. Si Zoellick alguna vez mantuvo alguna creencia en la apertura del mercado, parecería que la misma quedó con demasiada facilidad y a la menor provocación al borde del camino.

Sus antecedentes en la OMC no muestran a Robert Zoellick, el campeón incansable del libre comercio, sino a Robert Zoellick el promotor de los intereses estadounidenses por cualquier medio y a cualquier precio – especialmente a costa de los países en desarrollo.

¿Es este el tipo de persona que queremos como Presidente del Banco Mundial? ¿Un hombre cuyo principal derecho a la fama es el de contar con toda una trayectoria en materia de presiones, sobornos, repartos de beneficios y abuso de poder en la OMC con la finalidad de promover los intereses de Estados Unidos a costa del mundo en desarrollo? Seguramente nadie fuera de Estados Unidos – y, es de sospechar, que relativamente pocos fuera del propio gobierno de Bush – podrían mirar este panorama con ecuanimidad.

El propio Banco Mundial tiene mucho que temer frente al nombramiento de Zoellick. La institución ya se encuentra en decadencia en lo que refiere a legitimidad, credibilidad y relevancia. Durante un cuarto de siglo, impulsó políticas neoliberales ideológicamente motivadas en los países prestatarios, con efectos profundamente nocivos en buena parte del mundo en desarrollo, al tiempo que las prometidas retribuciones a largo plazo de lo que se presentó como pequeños sacrificios aún muestran escasas señales de poder llegar a concretarse para la mayoría. Incluso después de haber relanzado al Banco como una institución orientada a reducir la pobreza y de que el mundo resurgiera de la "década perdida del desarrollo" – la década del ’80 – el índice de reducción de la pobreza mundial ha caído dramáticamente a medida que se ha ido desplomando la participación de los pobres en los beneficios del crecimiento global(6). Y después de años de promoverse a sí mismo como un autodenominado "Banco del Conocimiento", un estudio independiente presentado recientemente por destacados académicos reveló que las investigaciones del Banco, las cuales constituyen la base de su fomento a las políticas neoliberales, no son ni objetivas ni confiables.(7)

Además de su deshonroso alejamiento, el ejercicio de Wolfowitz como Presidente del Banco sirvió para socavar aún más la reputación de la institución, destacando el papel del Banco como instrumento multilateral para la promoción de la agenda y los intereses estadounidenses. Su única iniciativa "nueva" en el Banco fue una cruzada contra la corrupción, cuya credibilidad se vio seriamente debilitada desde un inicio por la reputación que se hizo de recompensar a los defensores de la guerra de Estados Unidos contra Irak con contratos de "reconstrucción" poco transparentes y lucrativos, que continúan desangrando al país.

No resulta entonces nada sorprendente que la popularidad del Banco se esté desplomando en todo el mundo en desarrollo. En América Latina, crece el sentimiento popular de que los gobiernos deberían romper relaciones con el Banco. En Asia, la abundancia de capital privado está alentando a los países de mediano ingreso a disminuir los préstamos contraídos con la institución. En África – una región particularmente devastada y empobrecida por la ideología y la práctica del Banco – el creciente influjo de China como donante bilateral está amenazando la influencia ejercida por esta institución sobre los gobiernos.

Designar a Zoellick como Presidente solo podría contribuir a intensificar este creciente desencanto. La nominación de Wolfowitz demostró la arrogancia y absoluta confianza del gobierno de Bush en la impunidad que goza en el escenario de la política mundial. Y la nominación de Zoellick, ante la expectativa de que el Directorio apruebe una vez más su designación – aún después de que su anterior candidato se hubiera desacreditado a sí mismo de la forma en que lo hizo – corrobora más que nunca esta actitud.

Los Directores Ejecutivos del Banco deberían pensar largo y tendido antes de decidirse simplemente a aprobar al candidato de Estados Unidos una vez más. No solo porque esto constituiría una renuncia total a sus responsabilidades (morales y muy posiblemente legales) para con el Banco y los países a los cuales representan. No solo porque ya se vieron en aprietos una vez por designar al último candidato del Presidente Bush – el desacreditado y nada lamentado Paul Wolfowitz – o porque no lograron asegurar que este desempeñara apropiadamente sus funciones, y luego negociaron con el mismo un paquete de "renuncia" (lucrativo) para salvar las apariencias ya que no podían pensar en despedirlo. No solo porque Roberto Zoellick es una vez más un candidato clara y absolutamente inapropiado y poco calificado, cuya idea de la diplomacia internacional, según lo ejemplificado por sus años como Representante Comercial de Estados Unidos, hace pensar más en la Mafia que en la gobernabilidad democrática. Y ni siquiera porque muy probablemente podría llegar a desacreditar al Banco y dejarlo al borde del colapso, tal como lo hizo con la OMC.

Aún cuando los Directores Ejecutivos del Banco no encuentren estas razones lo suficientemente apremiantes como para cumplir con sus responsabilidades y llevar a cabo un proceso de selección serio para la Presidencia del Banco, existe otra consideración que podrían hallar más persuasiva. Antes de aceptar tranquilamente la designación de Robert Zoellick como Presidente del Banco, también deberían estudiar detenidamente lo sucedido con aquellos Embajadores ante la OMC que se atrevieron a hacerle frente cuando era Representante Comercial de Estados Unidos. Y luego deberían pensar cuidadosamente cuánto tiempo más podrían continuar siendo Directores Ejecutivos si no cumplieran el resto de su período en el cargo simplemente como espectadores pasivos y dejando que Zoellick administrara el Banco de la forma en que más le plazca a él y a los que mueven los hilos desde la Casa Blanca.

Ya están avisados...

Este artículo apareció en primera instancia en el sitio web de Jubilee Research.

Referencias:

(1) Fatoumata Jawara y Aileen Kwa (2004) Tras las bambalinas de la OMC: la cruda realidad del comercio internacional. 2da edición. Londres: Zed Books.

(2) Para contar con un catálogo completo de los muchos y variados alegatos contra Wolfowitz, y de la correspondiente evidencia probatoria, visitar el archivo en worldbankpresident.org weblog.

(3) Ver detalles en nota al pie 1. El libro presenta un informe detallado acerca de los procesos que tuvieron lugar antes, durante y después de la Reunión Ministerial de Doha de la OMC, en base a entrevistas con 34 Embajadores, delegados y miembros del personal de la Secretaría de la OMC, las cuales son citadas extensamente en todo el libro. Cualquiera que al terminar de leer este artículo no esté totalmente convencido de que a Zoellick no hay que permitirle ni acercarse al Banco Mundial, debería leer este libro.

(4) Comunicado de Prensa del Representante Comercial de Estados Unidos, 14 de septiembre de 2003, Representante Comercial de Estados Unidos Robert Zoellick Conferencia de Prensa Nocturna, Cancún, México.

(5) Associated Press (2003) “WTO Reeling from Trade Defeat in Cancun”, 15 de septiembre.

(6) David Woodward y Andrew Simms (2006) "Growth Isn’t Working: the Uneven Distribution of Benefits and Costs from Economic Growth" nef. Ver documento completo (en inglés)

(7) Proyecto Bretton Woods (2007) "Conocimiento en Banca-rota: Evaluación dice que la investigación del Banco Mundial 'no es ni remotamente confiable'". Ver documento completo

Información relacionada:

* Banco Mundial: Wolfowitz o Zoellick, ¿ésa es la cuestión?, por Fabrina Furtado (Rede Brasil)

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