Fuente:
Monitor de IFIs en América Latina
María José Romero
Jueves 28/06/2007
Los temas presentes en la agenda del FMI para los próximos meses (revisión del marco de supervisión, nueva fórmula para la asignación de cuotas y revisión del modelo de ingresos) también preocupan a los países latinoamericanos. Sin embargo, ante la escasa incidencia de estos países en la institución y las mínimas posibilidades de obtener una reforma favorable cobra fuerza la búsqueda de un sustituto.
En la última reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Singapur los países sudamericanos se opusieron al proyecto de reforma del sistema de distribución de cuotas y representación, por no tener garantía de que las naciones en desarrollo puedan lograr mayor participación tras la segunda fase de la reforma.
Uno de los principales reclamos es que la nueva fórmula para el cálculo de las cuotas considere el PIB en términos de poder adquisitivo -en lugar de realizar una comparación en valores nominales-, reducir el peso que se le piensa asignar a la apertura económica y que el número de habitantes tenga su correlato al momento de votar.
Estos reclamos fueron expresados principalmente por los ministros del Grupo de los 24 (G-24), que reúne a los principales países en desarrollo, entre ellos Argentina, Brasil, México, India y Sudáfrica. A través de este grupo, los países sudamericanos buscan presionar en favor de una reforma profunda del FMI, aumentando sin éxito sus demandas reunión tras reunión.
Los ministros del G-24 se encuentran sistemáticamente durante las reuniones anuales y de primavera (boreal) de las instituciones de Bretton Woods. En la última, celebrada en Washington en abril, el comunicado del G-24 enfatizó la importancia del grupo en el concierto internacional y pidió su correlato en la estructura de gobierno de estas instituciones.
Desde la presidencia rotativa del G-24, la ministra de Economía argentina Felisa Miceli dirigió y negoció con sus pares el contenido y el tono del discurso del grupo. “Los países en desarrollo representan más de la mitad del PIB mundial, medido en términos de la paridad del poder adquisitivo, poseen la mayor parte de las reservas internacionales del mundo, representan el ochenta por ciento de la población mundial, constituyen más de tres cuartos de los países miembros de las instituciones de Bretton Woods y actualmente son los únicos prestatarios potenciales de los recursos de dichas instituciones. (...) Para plasmar esta realidad debe aumentarse significativamente el número de votos del grupo de los países en desarrollo”, afirmó.
En representación de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, Miceli se pronunció también ante el Comité Monetario y Financiero Internacional, en donde hizo referencia a los temas que actualmente preocupan al FMI. En sus intervenciones la ministra argentina enfatizó el déficit de efectividad y legitimidad que padece. “La institución debe asegurar una mayor participación de los países que necesitan del FMI, de lo contrario el multilateralismo se debilitará y la institución será irrelevante, siendo más atractivo el bilateralismo y el regionalismo; esa es la opción real que Argentina enfrenta”, dijo Miceli.
La opción del bilateralismo fue la primera explorada por Argentina, contando con Venezuela como acreedor regional, mientras que la segunda opción hace clara referencia al Banco del Sur como alternativa regional.
Respecto a la revisión del marco de supervisión, las últimas decisiones del FMI apuntan a controlar la forma en que los países miembros manejan las políticas cambiarias. Frente a esto, los países latinoamericanos temen una mayor injerencia de la institución en sus decisiones de política doméstica.
En forma indirecta, esta medida afecta a la política que actualmente lleva adelante Argentina. El gobierno de Néstor Kirchner mantiene un tipo de cambio alto, como política de mediano a largo plazo, a través de la intervención del Banco Central, con lo que busca elevar las exportaciones y reducir las importaciones. Hasta el momento, los resultados han sido los esperados, aunque su talón de Aquiles es el “calentamiento” de los precios domésticos, lo que el gobierno maneja mediante el control de precios que ejerce frecuentemente desde comienzos de 2006.
Pero para el FMI las políticas que implican algún tipo de intervención son definidas como “populistas”. Según su director gerente, Rodrigo de Rato, “adoptar políticas de este tipo agrava los déficit fiscales y dispara la inflación”. En Argentina se dio lo segundo, pero no lo primero, ya que desde hace años existe superávit fiscal. De hecho, la recaudación podría llegar este año a unos 65.000 millones de dólares.
Tanto Argentina como el resto de los países latinoamericanos han padecido la supervisión del FMI. Entre sus recomendaciones, el balance de las cuentas fiscales y el ajuste figuran siempre en primer lugar. Sin embargo, el pago por adelantado de muchos de sus principales deudores ha producido un desbalance en su propio presupuesto. Ante esto, sus críticos afirman que el "FMI debe tomar de su propia medicina".
Información relacionada:
* Agenda del FMI para el próximo semestre: Supervisión y nueva asignación de cuotas, por Celine Tan (Red del Tercer Mundo)
Este artículo fue publicado el 28 de junio de 2007 en Agenda Global, un suplemento semanal que circula los jueves con el periódico La Diaria de Montevideo, Uruguay.
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