Fuente:
PACS
Marcus Arruda y Gabriel Strautman
Viernes 09/11/2007
En la reunión realizada el pasado 8 de octubre en Río de Janeiro, los ministros de economía y finanzas de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela avanzaron en las negociaciones para la creación del Banco del Sur. En esa oportunidad se firmó el acta de fundación de la nueva institución financiera multilateral, que tendrá su sede en Caracas. Pero hasta ese momento no había acuerdo sobre el volumen de aporte de cada país, ni sobre el sistema de toma de decisión. También en esa reunión se fijó como fecha de lanzamiento del Banco el 3 de noviembre, pero una vez más el acto se postergó para el 9 de diciembre en Buenos Aires.
El Banco del Sur será un banco de desarrollo y comenzará con un capital aproximado a 7 mil millones de dólares. La institución nace como alternativa al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por esto la importancia política de la iniciativa, que refuerza la perspectiva de soberanía de América del Sur. El número de miembros está todavía en discusión. Se especula que además de los siete países presentes en esa reunión, otros cinco podrán integrar la institución (Colombia presentó su petición días después de la reunión de Río). La creación del banco deber ser entendida como un impulso en la creación de un sistema financiero regional autónomo consciente de la necesidad de priorizar de manera absoluta la superación de la pobreza, la marginalidad y el subdesarrollo estructural. En este sentido, cuanto mayor sea la adhesión al banco, mejor para América del Sur.
En los acuerdos ya firmados están incluidos tres ámbitos de negociación: 1) Banco del Sur como banco de desarrollo; 2) Funciones de Banco Central Sudamericano; y 3) esquema monetario. Pero en la práctica las negociaciones hasta ahora se focalizaron apenas en el primer campo.
Para los movimientos sociales y las redes de la sociedad civil organizada de la región, el Banco del Sur debe formar parte de una estrategia regional, junto con la creación de un fondo de estabilización del Sur, una moneda regional común, la realización de una auditoria de las deudas internas y externas, y el no pago de deudas ilegítimas. Esta estrategia debe ser una respuesta que contribuya para romper la dependencia en relación a los mercados de capitales globalizados, inciertos y altamente especulativos, de forma que se pueda canalizar la propia capacidad de ahorro para atender a los derechos y las necesidades de los pueblos.
En una carta abierta a los presidentes de los países que negocian la creación del Banco del Sur, titulada "Por un Banco del Sur de acuerdo a los derechos, necesidades, potencialidades y la vocación democrática de los pueblos", fueron presentadas algunas propuestas de los movimientos sociales y las redes de la sociedad civil de la región para la formulación del proyecto del Banco del Sur:
a) Que el Banco defina como objetivo central la promoción del desarrollo propio, soberano y solidario de los países miembros y de toda la región. Desarrollo definido como el aprovechamiento de los atributos, recursos y potencialidades de la personas, de las comunidades y de los pueblos, que no puede ser alcanzado sin que ellos mismos sean sus protagonistas.
b) Que su capital accionario y directorio se integre de forma igualitaria entre los países miembros.
c) Que defina claramente que sus cuotas de crédito serán para el fortalecimiento del sector público y social, dando prioridad a la redistribución de la riqueza y la protección del medio ambiente, contribuyendo a superar las asimetrías existentes, respetando la vida y el bienestar del pueblo, sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, y el derecho a su propia autodeterminación y desarrollo. Por esto, rechazamos explícitamente que el Banco del Sur sea utilizado para financiar megaproyectos como los de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), o inversiones extractivas, contaminantes o socialmente excluyentes que no cuentan con el consentimiento de las poblaciones impactadas y no las benefician.
d) Y que establezca explícitamente mecanismos de información y de control público abiertos definidos: que los funcionarios del Banco del Sur no gocen de inmunidad, ni privilegio tributario personal alguno, que la prestación de cuentas sea elevada para el conocimiento y consideración de los parlamentos y la sociedad civil, y que toda información sea considerada pública. Todo esto debe ser entendido de acuerdo con lo destacado en la declaración ministerial de Quito, del 13 de mayo pasado, al señalar que: "los pueblos darán a sus gobiernos los mandatos para proveer a toda la región de nuevos instrumentos de integración para el desarrollo que deben basarse en esquemas democráticos, transparentes, participativos y responsables antes sus mandantes".
El avance de las negociaciones, en tanto, da señales de que el Banco del Sur puede transformarse en un instrumento de reproducción de las asimetrías de poder regionales y de dominación económica. En las dos reuniones anteriores, Quito y Asunción, los ministros ya habían firmado un acuerdo que adoptaba el sistema de "un país un voto", que es ciertamente el más democrático, porque no vincula el poder de decisión al tamaño de la economía o al aporte de capital del país al banco, pero en Río el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, y los argentinos se desviaron del acuerdo anterior. En esa instancia propusieron que el sistema de igualdad entre los socios quedase restringido al Consejo de Dirección del Banco, que sólo se reunirá una vez por año. Las decisiones relativas a la gestión cotidiana del Banco del Sur estarían sometidas al poder de los que tienen mayor volumen de cuotas en el banco. Además de eso, Brasil insistió en que sólo serían beneficiarios de créditos del Banco del Sur los países de América del Sur. Así, América Central y el Caribe quedarían excluidos.
Es preciso que los movimientos sociales presionen a sus gobiernos para evitar que el Banco del Sur repita lo mismo, promoviendo el desarrollismo de tipo social-liberal. Aun cuando los aspectos técnicos ligados a la creación del Banco del Sur son muy importantes, el principal problema es político: todo indica que Brasil y Argentina están orientando las discusiones en el sentido de repetición de los modelos "desarrollistas" en vigor (CAF-BID-BNDES), que tienen como foco el crecimiento a cualquier costo, la IIRSA y otros proyectos faraónicos.
El único camino para el Banco del Sur es colocarse al servicio de un desarrollo soberano, solidario, sustentable y democrático de América del Sur. Para ello, la constante presión articulada de la sociedad de nuestros países es fundamental, para que los gobiernos incluyan representantes de los movimientos sociales en el proceso organizativo y también en los sistemas decisorios del Banco del Sur.
Este artículo fue publicado originalmente en portugués en el Cuaderno que publicó Rede Brasil en ocasión de la Semana de la Deuda y las IFIs. Ver Cuaderno completo.
Información relacionada:
* El Banco del Sur se lanza oficialmente el 9 de diciembre en Buenos Aires - Informe de Clarín
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