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IFIwatchnet blog
Soren Ambrose
Mar 15 Abr 2008
Resultaba fácil predecir que la crisis mundial de crédito iba a ser una gran preocupación en las reuniones de primavera del FMI/BM. Pero si bien esto era cierto, se dio claramente el caso en que los jefes de las dos instituciones tuvieron la intención de concentrar la atención sobre el rápido aumento del precio de los alimentos en todo el mundo. Tanto Robert Zoellick, del Banco Mundial, como Dominique Strauss-Kahn, del FMI, hicieron de la crisis el centro de sus mensajes a los medios de comunicación.
No es de sorprender, quizás, teniendo en cuenta que los "disturbios alimenticios" están acaparando los titulares en muchos países de bajo y algunos de mediano ingreso. Desde febrero, el malestar social en respuesta al aumento del costo de vida - siendo el precio de los alimentos la causa más evidente - ha producido disturbios en Burkina Faso, Níger, Camerún, Costa de Marfil, Egipto, Senegal, Etiopía, Haití, Yemen, y Filipinas, registrándose muertes en al menos cuatro de estos países.
El FMI informa que los precios de los alimentos han aumentado 48 por ciento desde finales de 2006.
Las instituciones están haciendo bien en tratar de concentrar la atención del mundo sobre la desesperada situación que rápidamente introduce una nueva inestabilidad en países ya vulnerables. También es posible, sin embargo, deducir que las instituciones están trabajando arduamente para ser consideradas como parte de la solución, con la esperanza de que esto hará menos probable que se las identifique como parte de la causa. Los programas agrícolas en muchos países, particularmente en África, fueron devastados por los "programas de ajuste estructural" de los años 80 y 90. Si bien los regímenes anteriores estaban llenos de problemas, las reformas insistieron con frecuencia en poner tanto a los agricultores como a los consumidores a merced de intermediarios no regulados y dejaron a los agricultores sin posibilidades de acceder al crédito, los servicios y la asistencia en materia de insumos (fertilizantes, pesticidas, etc.) que habían recibido alguna vez. La promesa del Banco de duplicar su ayuda a la agricultura en África, a 800 millones de dólares al año, ha sido bienvenida por muchos, pero aún no queda claro qué tipo de programas habrán de introducirse. Si los programas están diseñados para alentar la explotación agrícola a gran escala y las empresas de suministro de semillas e insumos, pueden acabar perturbando aún más la economía agrícola basada en los pequeños productores.
El Banco Mundial difundió varios comunicados de prensa y dio a conocer un informe elaborado para la reunión de su Comité de Desarrollo denominado "El aumento del precio de los alimentos: opciones de políticas y la respuesta del Banco Mundial" (documento en inglés). Por su parte, el FMI publicó un pequeño informe en su IMF Survey (en inglés).
Ambas instituciones identificaron causas similares de la crisis - una convergencia de factores, incluyendo la subida del precio del petróleo, la crisis global de crédito, el aumento de la demanda de carne y otros productos por parte de la creciente clase media china y otros mercados emergentes, y la demanda cada vez mayor de cultivos como el maíz y la caña de azúcar para producir etanol y otros agrocombustibles. Pero ninguna de las instituciones tiene una solución convincente para ofrecer. De hecho, las instituciones que han apoyado el "libre comercio" de manera ferviente, tendrán dificultades para recomendar medidas que reconozcan a los alimentos como un producto único que no puede ser tratado como una mercancía ordinaria. Hasta el momento, gran parte del énfasis lo han puesto en alentar a los países a limitar el uso de subsidios al consumidor y las restricciones a las exportaciones.
Tanto el FMI como el Banco Mundial dicen que pueden ampliar los programas existentes (el Banco menciona que incrementará un próximo crédito a Burkina Faso) para tornar disponible una mayor asistencia. Además, ambos dicen que están ofreciendo asesoramiento en materia de políticas a los países que enfrentan escasez de alimentos y/o inflación. Pero ninguna de las instituciones asegura ser capaz de revertir el problema a la brevedad; de hecho, ambas parecen esperar que el problema persista durante varios años.
El informe del FMI dice que "en África y en Asia el efecto del aumento del precio de los alimentos tendría que considerarse no sólo en lo que respecta a socavar los esfuerzos en la lucha contra la pobreza, sino también como la representación de un nuevo tipo de desequilibrio macroeconómico" (...) Para una gran parte de África, se podría esperar que el impacto fuera tan grande, y tal vez más grande que los impactos anteriores".
Strauss-Kahn intentó dramatizar el problema en una conferencia de prensa: "Miles, cientos de miles de personas morirán de hambre. Los niños padecerán desnutrición, con consecuencias para toda su vida".
Zoellick, además de utilizar una bolsa de arroz en la conferencia de prensa, dijo que "33 países" - curiosamente, un número preciso sobre el cual no proporcionó explicación alguna – podrían ser objeto de disturbios civiles debido a los precios de los alimentos.
La reciente explosión de la demanda de agrocombustibles (también llamados biocombustibles) ha concitado la atención de las mencionadas causas. El artículo de portada del Wall Street Journal de fecha 14 de abril cita al ministro indio de finanzas, Palaniappan Chidambaram, diciendo "cuando millones de personas están pasando hambre, es un crimen contra la humanidad que los alimentos deban ser desviados hacia los biocombustibles".
En el mismo artículo se señala que Zoellick debe estar sintiéndose un poco incómodo, ya que como representante comercial de EE.UU. afirmó y defendió las políticas agrícolas estadounidenses, incluyendo la promoción del etanol obtenido a partir de maíz. En una entrevista en la Radio Nacional Pública el viernes por la mañana, Zoellick resistió el inusual embate agresivo del periodista para que reconociera que el informe del Banco (antes citado) mencionaba a los agrocombustibles como el principal factor causante de la crisis.
Para mí, el cambio súbito en la sabiduría convencional con respecto a los agrocombustibles ha sido bastante notable, y un motivo de esperanza de que la racionalidad puede prevalecer más temprano que tarde. En julio de 2007 asistí al Foro Social de Estados Unidos, donde participé en un par de paneles sobre los peligros de los agrocombustibles. La amenaza que suponen para la seguridad alimentaria era entonces un argumento bastante novedoso; ahora es un hecho aceptado. El economista Paul Krugman, un popular columnista del New York Times, mencionó la semana pasada a los agrocombustibles como la causa principal de la crisis, y acuñó el término "demonio del etanol" (un juego de palabras con la vieja frase prohibicionista "demonio del alcohol"). Mientras que la batalla está lejos de ser ganada, y sin duda se ampliará a la "segunda generación" de agrocombustibles producidos a partir de residuos y cultivos de ingeniería genética, los avances logrados hasta la fecha son alentadores.
En el ínterin, sin embargo, la crisis de los precios de los alimentos demandará sin duda una gran atención en el intento por impedir la hambruna de "cientos de miles" (según los términos de Strauss-Kahn) entre otros muchos.
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