Veníamos bien pero estamos peor
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Fuente: Red del Tercer Mundo
Roberto Bissio
Lunes 14/04/2008

A mediados de diciembre de 2007, una catástrofe sacudió la economía mundial. A partir del día 17 de ese mes, alrededor de quinientos millones de personas cayeron debajo de la línea de pobreza absoluta y se volvieron "indigentes", China e India vieron cómo sus economías, antes consideradas las "nuevas locomotoras" de la globalización, se reducían a casi la mitad de la noche a la mañana y el mundo entero se volvió un lugar mucho más desigual.

Afortunadamente el cataclismo no causó muertes y pasó desapercibido tanto en los países involucrados como por la prensa internacional. El epicentro del fenómeno ocurrió en Washington, más exactamente en la esquina de las calles H y 19, donde tienen sus sedes el Banco Mundial y el FMI. Pero tampoco allí se rompió ningún vidrio y el comunicado oficial sólo registra en lenguaje críptico que "el Programa de Comparaciones Internacionales del Banco Mundial y el Programa PPP de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicaron hoy nuevas tablas mundiales sobre paridad de poder de compra con base 2005, en reemplazo de las anteriores tablas de 1993 y 1980".

Es decir que nada cambió en la realidad verdadera y ningún niño pasó esa noche más o menos hambre sólo porque el Banco Mundial actualizó las tablas que comparan los precios locales de la leche en todo el mundo. No obstante, según Branko Milanovic, el principal economista del Departamento de Investigación del Banco Mundial, la publicación de estas nuevas tablas "representa una revolución para la profesión económica" y un "cambio súbito en nuestra comprensión del mundo".

Desde que Adam Smith escribió sobre la riqueza de las naciones, lo que los economistas hacen es comparar países entre sí. Para comparar hace falta una medida común, pero no es fácil convertir todo a dólares porque como cualquier turista sabe, lo que un dólar puede comprar en uno u otro país es muy distinto. Y al igual que el viajero que compara cuánto puede comprar aquí o allá con su dólar, los economistas no utilizan las tasas de cambios de las monedas en sus comparaciones, sino las tablas de paridad de poder de compra (conocidas como PPP por la sigla inglesa de la expresión purchasing power parity.

Así, por ejemplo, el turista obtiene cuarenta y cuatro rupias por un dólar en India, pero con esas rupias compra mucho más de lo que compraría con un dólar en Estados Unidos. Las tablas PPP nos dicen que quince rupias equivalen a un dólar y, por lo tanto, la "economía real" de India es tres veces superior a lo que resulta de calcularla en dólares por la tasa de cambio. Cuando en el 2000 los jefes de Estado de todo el mundo se comprometieron solemnemente a "reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de habitantes del planeta cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día", se referían a dólares PPP. Cientos de estudios académicos sobre la economía mundial están basados en el PPP. Casi todo lo que hemos leído sobre la globalización y su impacto en la pobreza y en el desarrollo supone comparaciones basadas en el PPP.

Ahora resulta que estaba todo mal

Las tablas de PPP que los economistas venían usando desde 1970 (llamadas Penn World Tables) se basaban en estudios de precios que se actualizaron por última vez en 1993. De allí en adelante los números publicados eran extrapolaciones y estimaciones. En el caso de India los estudios de base eran de 1985 y en China jamás se habían hecho relevamientos de precios y el PPP se estimaba sobre opiniones y pareceres subjetivos.

En las nuevas tablas se toman en cuenta los precios de más de mil bienes y servicios distintos (antes eran muchos menos) en ciento cincuenta países (antes eran menos de cien) y en la encuesta participaron ciento cuarenta y seis agencias nacionales de estadísticas, las Naciones Unidas, los bancos de desarrollo, el FMI, la OCDE y otras instituciones. Se dibujó así un nuevo mapa económico del mundo, que ya no es el mismo que el que conocíamos el año pasado.

Para empezar, resulta que las economías de China e India, los dos países más poblados del mundo, son cuarenta por ciento más chicas de lo que creíamos. Sudáfrica se achicó económicamente un treinta y uno por ciento y en Argentina el PIB se redujo veinticuatro por ciento en esta medición por poder de compra, ¡una caída similar a la de la crisis de 2003! Rusia, Nigeria, Egipto y Líbano se enriquecieron con el nuevo cálculo, pero la mayoría de los países pobres resultó más pobre de lo que se creía antes. En cambio, la mayor parte de los países desarrollados, donde se disponía ya de estadísticas más confiables, no cambió sus posiciones en más de cinco por ciento hacia arriba o hacia abajo.

Ante la nueva evidencia de que el peso económico real de China e India es mucho menor de lo que se creía, el FMI bajó uno y medio por ciento sus predicciones de crecimiento de la economía mundial en 2008, ya que si bien se espera que ambos países sigan creciendo, su impacto sobre los demás será menor que lo estimado antes.

Paradójicamente, China recibe estas nuevas cifras con agrado: con ellas no sólo se reduce su peso en la economía mundial, sino también su responsabilidad en la generación de cambios climáticos. Además, ahora resulta que con menor poder de compra real, la moneda china no estaría tan subvaluada como decían el FMI y Estados Unidos. En consecuencia aumenta la posibilidad de una devaluación del dólar y disminuye la de una revaluación del renminbi.

En el nuevo retrato del mundo económico, el número total de pobres (medidos por la línea de un dólar PPP de ingreso diario) aumentó de mil a mil quinientos millones y las promesas de lograr las llamadas "metas del milenio" en 2015 se han evaporado. Peor aún, el planeta es mucho más desigual que lo que se creía. Si consideramos al mundo en su totalidad, la desigualdad entre pobres y ricos medida según el "índice Gini" alcanza un record de 70 (en una escala de 0 a 100), una situación mucho peor que la desigualdad interna de Sudáfrica o Brasil, que con un índice Gini cercano a 60 son los países socialmente más injustos.

En lenguaje similar al de las etiquetas de medicamentos, el Banco Mundial alerta ahora contra el uso indebido de estos datos que acaba de publicar: "Como toda estadística, estos datos están sujetos a errores de muestreo, medida o clasificación y, por tanto, deben ser usados como aproximaciones" para las cuales "no es posible proveer una estimación precisa de los márgenes de error".

Bienvenida sea esta precaución. Pero, ¿por qué nunca se nos dijo eso antes, cuando con datos de peor calidad y que ahora se demuestran falsos, los investigadores del Banco Mundial nos aseguraban que la liberalización de las economías era buena para los pobres?

En lugar de ser "una marea que levanta a todos los botes, grandes o chicos", como querían los economistas del consenso de Washington, los nuevos números oficiales dicen que la globalización ha sido para los pobres como un tsunami que nadie vio venir porque los radares estaban fallados.

Roberto Bissio es director del Instituto del Tercer Mundo

Este artículo fue publicado el 20 de marzo de 2008 en Agenda Global, un suplemento semanal que circula los jueves con el periódico La Diaria de Montevideo, Uruguay www.ladiaria.com.uy

Información relacionada:

* Nuevas cifras arrojan dudas sobre las afirmaciones del Banco sobre la reducción de la pobreza, por Bretton Woods Project

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