El FMI se reforma, un poco
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Fuente: Monitor de IFIs en América Latina
Viernes 02/05/2008

La Junta de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó la reforma del gobierno de la institución según la recomendación del Directorio Ejecutivo de fecha 28 de marzo. La resolución, adoptada por más del 92 por ciento del total de votos de la institución, modifica la estructura de cuotas y votos, aumentando en un 2,7 por ciento el poder de los países en desarrollo, en detrimento de los desarrollados. Pese a lo histórico de esta reforma, no colma las expectativas de muchos de los países en desarrollo, ni de las organizaciones sociales que siguen de cerca la actividad de las instituciones financieras internacionales. La representación al interior del directorio ejecutivo se mantiene intacta.

En el FMI un país no vale por un voto sino por un porcentaje de votación. Esa capacidad de voto determina a su vez el nivel de su cuota, lo que fija los límites para los montos de los programas que cada país puede convenir con la institución.

La nueva estructura del FMI realinea cuotas y votos con el peso y papel de los países en la economía global, lo que a su vez ha deparado una posición (levemente) mejor para los países emergentes y de bajos ingresos.

Estos cambios consolidan a Brasil y México como los miembros más poderosos en América Latina, que ganarán peso en voto y aumentarán sus cuotas a la institución. Brasil aumenta en 0,31 por ciento su peso, lo que totaliza 1,71 por ciento, mientras que México aumenta 0,27 por ciento y queda con 1,46 por ciento.

Argentina y Venezuela son los únicos países latinoamericanos que han perdido en cuota y voto, y en la práctica serían los grandes perdedores latinoamericanos con esta reforma. Venezuela cuenta todavía con 1,08 por ciento de voto, mientras que Argentina, que ha perdido 0,11 de punto porcentual en voto y 0,10 en cuota, pasa a valer 0,86 por ciento de votación.

La reforma del gobierno del FMI ha sido promovida durante años por los países nucleados en el G24 (Argentina, Brasil y México, entre otros). La propuesta parte del diagnóstico de que la institución, fundada en 1944, debe adaptar sus actividades a la nueva realidad: ya no hay tasas de cambios fijas, las materias primas pueden ocasionar crisis, y las crisis en los mercados emergentes pueden remecer las finanzas internacionales.

Muchas de las propuestas de reforma apuntan a la fórmula de cálculo de las cuotas y votos en el gobierno de la institución y la integración del directorio ejecutivo.

Actualmente, el órgano de dirección está conformado por 24 miembros y cada uno de ellos lleva a su vez la representación de muchos otros estados miembros, excepto cinco países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido, que no representan a nadie, excepto a sí mismos.

Estos cinco son también los de mayor poder de voto en el FMI: Estados Unidos vale por el 17,06 por ciento del total de una votación, Japón el 6,3, Alemania el 5,9%, Francia el 4,95 y Reino Unido el 4,95. En esta estructura, Estados Unidos cuenta con poder de veto dentro de la institución, ya que las decisiones se toman con el 85 por ciento.

Aun cuando estos países verán disminuir su peso en votos, la pérdida no llegará siquiera al 1 por ciento en ninguno de los casos. Francia y Reino Unido serían los mayores perdedores, con 0,64 de punto porcentual.

El peso de voto de 90 de las naciones más pobres del mundo seguirá en alrededor del 4 por ciento, que no equivale siquiera al voto individual de Gran Bretaña.

Por tanto, pese a lo histórico de esta reforma, primera significativa en más de sesenta años, los intentos de Strauss-Kahn por dotar de mayor legitimidad a la institución no colman las expectativas de muchos de los países en desarrollo, ni de las organizaciones sociales que siguen de cerca la actividad de las instituciones financieras internacionales. La representación al interior del directorio ejecutivo sigue intacta y es eso lo que en última instancia cuenta.

Según señala Guillermo Ortiz Martínez, gobernador del Banco de México, "esta reforma no consideró la reorganización del órgano de gobierno del FMI, que seguirá básicamente con la misma representación, lo que significa que México tendrá un asiento en ese órgano cada tres años. (…) Hay un problema estructural en ese órgano de decisión porque existen países con menor peso económico (como las naciones del norte de Europa) que tienen un asiento permanente. Mientras no se reorganice esto, y la forma de hacerlo es que los países de la Unión Europea tengan un solo asiento, realmente no hay mucho cambio".

Otras voces sobre la reforma

La Junta de Gobernadores del FMI, integrada por los representantes de los 185 países socios, aprobó la modificación propuesta por el Directorio Ejecutivo por 175 votos a favor, 5 abstenciones, 3 negativas y 2 votos en blanco.

Los votos contrarios a la reforma fueron de Argentina, Angola e islas Palau. Rusia, Arabia Saudita, Aruba, Micronesia, islas Marshall, Egipto e Irán conforman el grupo de los siete países que no se expidieron en relación a la propuesta.

Angola es el país de mayor crecimiento (16 por ciento) en el Africa subsahariana y su inflación va en descenso (pasó del 350 por ciento en 2000 a una tasa estimada del 11,4 por ciento para este año). También se sumó islas Palau, uno de los cuatro países que no tienen bases de datos completas para los estudios del Fondo.

Rusia y Arabia Saudita, iban a votar en contra pero finalmente optaron por una salida más elegante, los otros cinco no votaron porque llegaron tarde los informes de sus capitales.

El resto de la silla que lidera Argentina convalidó la reforma: Chile, Uruguay, Perú, Paraguay y Bolivia. También la apoyaron Brasil, México y hasta dos críticos habituales del Fondo, como Irán y Venezuela.

El rechazo de Argentina fue una de las primeras decisiones de Carlos Fernández como ministro de economía. Como motivo formal se argumenta la pérdida de peso en la estructura del FMI que implica para Argentina esta reforma.

Sin embargo, la decisión cayó mal en el FMI, según confirmaron fuentes de la institución al diario argentino La Nación. “Strauss-Kahn se esforzó por cultivar los vínculos con Néstor y Cristina Kirchner, al punto de viajar a Buenos Aires cuando era candidato a reemplazar a Rodrigo de Rato y también para el traspaso de mando de diciembre. A esos viajes se sumó apenas 15 días atrás el guiño que le ofreció al Gobierno para que negocie un acuerdo con el Club de París sin el FMI de por medio”, explica el corresponsal argentino en Washington.

La posición argentina respecto a la reforma tuvo marchas y contramarchas. A fines de 2007 el gobierno se inclinaba por el rechazo, luego mutó hacia la abstención durante los primeros meses de este año, a medida que obtenía concesiones en la reforma del Fondo junto a otros países. Entre otras, el compromiso de que el cálculo accionario se actualizaría cada cinco años.

Durante las recientes reuniones de primavera de la institución, el entonces ministro de economía Martín Lousteau había calificado la propuesta como un "primer paso en la dirección correcta", en su ponencia ante el Comité Monetario y Financiero Internacional. Horas después se reunió con Strauss-Kahn, que le reafirmó su gesto por el Club de París. Sin embargo, a último momento, y por una decisión tomada en la Casa Rosada, Argentina votó en contra.

La incógnita ahora es si el voto negativo de Buenos Aires tendrá algún costo. Probablemente de ahora en más la relación entre Strauss-Kahn y el gobierno argentino no sea la misma. Actualmente está pendiente la definición del rol que tendrá el FMI en la negociación con el Club de París. Mientras tanto, el FMI mantiene su presencia en el país con la evaluación periódica que realiza de la economía de los países miembros (artículo IV), y de manera indirecta, a través del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que requieren del aval del Fondo para otorgar determinados créditos.

Fuente: Reuters, La Jornada, La Nación y Clarín

Información relacionada:

Comunicado de prensa del FMI

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