La inflación de los alimentos y el comercio internacional
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Fuente: IBASE
Adhemar S. Mineiro*
Lunes 02/06/2008

El aumento del precio internacional de los alimentos es una realidad fácilmente comprobable de los últimos tiempos. Como de costumbre, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y especialmente la Organización Mundial del Comercio (OMC) salieron con su vieja y clásica receta: la solución al problema es más liberalización. Más del mismo remedio. ¿Pero no es exactamente ese remedio el que está complicando el escenario internacional del abastecimiento de alimentos y el que está haciendo subir los precios?

El aumento del precio internacional de los alimentos es una realidad fácilmente comprobable de los últimos tiempos. Solo para utilizar una breve comparación de alguno de ellos, el salvado de soja, que se utiliza para alimentar a los animales, subió 36% entre enero de 2007 y abril de 2008 –pasó de U$S 225,10 por tonelada a U$S 306 dólares -, el azúcar refinado subió 16% en el mismo período –pasó de U$S 316,60 por tonelada a U$S 366,90. El trigo pasó de U$S 512,50 por celemín a U$S 862,50 en el mismo período, aumentó 68%.

En Brasil, país exportador de alimentos – y por tanto, un productor de excedentes de alimentos en el escenario internacional – los aumentos ya se han reflejado en las tasas de inflación de los últimos meses.

Como de costumbre, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y especialmente la Organización Mundial del Comercio (OMC) salieron con su vieja y clásica receta: la solución al problema es más liberalización. Más del mismo remedio.

¿Pero no es exactamente ese remedio el que está complicando el escenario internacional del abastecimiento de alimentos y el que está haciendo subir los precios? Después de todo, los principales diagnósticos apuntan a un movimiento especulativo reciente, como la crisis internacional y la baja del valor del dólar estadounidense, que está haciendo subir el precio del conjunto de los commodities minerales y la mayoría de los commodities agrícolas en el escenario internacional, ya que los especuladores ahora buscan los llamados “activos reales”, frente a la turbulencia del valor de los papeles. Y entonces un primer punto: ¿esos movimientos especulativos no reflejan posibilidades abiertas por la propia liberalización financiera?

Asimismo, la transformación de los principales productos agrícolas, que debería garantizar el abastecimiento alimentario de las poblaciones de cada país, en mercaderías transaccionables en el volátil mercado internacional coloca una fuerte presión sobre los precios. Estos están sujetos ahora, no a la regulación de los precios mínimos y máximos de los mercados domésticos, sino a las agudas fluctuaciones del mercado internacional, que puede destruir a los pequeños productores -afectando de esta forma a millones de agricultores, especialmente agricultores familiares del mundo entero–, haciendo subir rápidamente los precios, provocando hambre y miseria al mundo.

Aún más. La liberalización comercial limita (y mucho!) la capacidad de varios países para poner en práctica políticas agrícolas domésticas y amplía la capacidad de las grandes transnacionales que operan en la comercialización de los commodities de controlar los precios y los circuitos de producción y consumo a nivel internacional. Así, se amplían los incentivos (llamados “de mercado”…) para la producción de determinados productos que pasan a tener mayor rentabilidad en el mercado internacional, afectando muchas veces la producción –en general de la pequeña agricultura, pero no sólo- de productos de alimentación para el mercado doméstico.

La expansión de la producción de soja para exportación en los países del MERCOSUR, aprovechando los precios internacionales, es un ejemplo, así como el potencial de estrago que tiene la expansión de la producción de agrocombustibles sobre los cultivos alimenticios en la mayoría de los países.

Ese proceso, al mismo tiempo que amplió el mercado internacional para los commodities agrícolas, transformó a la mayor parte de los países en desarrollo en importadores netos de alimentos y, por tanto, en dependientes del funcionamiento de ese convulsionado mercado internacional de productos agrícolas.

La liberalización ampliada, ahora una propuesta concreta en los intentos por finalizar la Ronda de Doha de la OMC –proceso de negociación en curso para ampliar la liberalización del comercio internacional– sólo agravará el problema, limitando aún más la capacidad de respuestas nacional al problema de la escasez y del aumento del precio de los alimentos. Eso sin contar los efectos perversos de esa liberalización sobre el medio ambiente y los impactos sobre la cuestión del calentamiento global.

La solución a la crisis parece estar exactamente en el camino contrario, que coloca a la seguridad y soberanía alimentaria de los países, en simultaneidad con precios bajos para los consumidores y precios a los productores que garanticen una producción de la agricultura familiar productora de alimentos, como parte fundamental de una estrategia de desarrollo de los países. Que permita regular el poder que hoy ejercen las grandes transnacionales en el control de los circuitos de producción y comercialización, y estabilizar los precios. Que regule el mercado financiero de forma de impedir la especulación, en particular las llamadas “bolsas de mercaderías” con los precios de los alimentos.

Es decir, menos y no más liberalización financiera y comercial, en contraposición de lo que predican las instituciones de defensa de los grandes intereses financieros y comerciales. Pero la batalla, política y mediática, va a ser dura, contra agentes acostumbrados al poder político y financiero.

* Economista, técnico del DIEESE y del convenio DIEESE/CUT/REBRIP

Información relacionada:

* Cómo fabricar una crisis global, por Walden Bello

* Siete razones por las cuales la Ronda de Doha no puede resolver la crisis alimentaria, Trade Observatory

* Una explosiva crisis global: inestabilidad financiera, conflictos por alimentos, calentamiento global, Trade Observatory

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